En 2015, el año más fatídico para los salvadoreños, en un fin de semana fueron asesinadas 125 personas, la mayoría de los casos, por integrantes de las pandillas que actuaban con total libertad ante la complicidad e ineficiencia gubernamental.
En ese tiempo, la cantidad de crímenes contra la vida era extrema, solo agosto sumó más de 900 asesinatos y el año cerró con 6,656 homicidios, el número más letal en la historia, que ubicó a El Salvador en el mapa mundial como el más peligroso del globo.
Las autoridades de la Policía y Fiscalía de entonces atribuían a los grupos terroristas la responsabilidad de más del 70 % de esas muertes violentas. Pero, la debacle en la seguridad también se trasladaba al plano judicial, ya que solo el 3 % de los homicidios era resuelto. Había una total impunidad y las pandillas ganaban y controlaban más territorios a su antojo.
Según datos de prensa, casi el 70 % de los pequeños negocios pagaba extorsión a las estructuras de pandillas que, además, bajo amenazas de muerte intimidaban a los comerciantes, los buseros, los taxistas y los panaderos.







