Inducida por una familiar, Sofía empezó a ingerir licor a los ocho años y ese fue el inicio de una adicción que arrastró durante la adolescencia hasta que, finalmente, a los 17 años, decidió dejar de beber. «Me dije: “Tomo porque hay personas que me han hecho daño, pero me estoy dañando mucho más yo».
Ese momento de interiorización llegó después de gastar cientos de horas bebiendo casi todos los días, una necesidad etílica que la llevó a beber tragos de licor como si fueran agua.
No obstante, tuvo la valentía de escuchar consejos, de atreverse a manejar sus emociones y frenar su vicio.
«Me costó dejar de tomar. Se me ponía la boca reseca y el cuerpo me pedía guaro. Yo lo que hacía era beber bastante agua», recuerda.
A nivel popular se dice «más vale prevenir que lamentar», pero cuando las adicciones ya están presentes se necesita de un alto porcentaje de inteligencia emocional para identificar las causas o sentimientos que las detonan.

«A mayor inteligencia emocional, menor adicción. Esto quiere decir que cuando una persona se atreve a llorar, se atreve a decir lo que siente, se atreve a poner límites, no necesita refugiarse en una droga o en alguna actividad adictiva», explica Nikol Mercado, psicóloga clínica y quien ofrece atención profesional en internet gratuita a jóvenes y adultos.
La profesional insiste en que el equilibro emocional es clave al momento de hablar de prevenir adicciones, las cuales pueden ser de dos tipos: consumo de sustancias y conductas excesivas.
No se trata de reprimir las emociones, explica la sicóloga, se trata de saber canalizarlas. «Lo que implica la inteligencia emocional es cómo las gestionamos (las emociones). Es válido enojarse, pero cómo canalizo esta emoción. No es problema estar triste, pero debe llegar el momento en que estemos serenos. La inteligencia emocional es la capacidad de identificar las reacciones internas del ser humano, expresarlas de manera asertiva y canalizarlas para beneficio propio y para la sociedad», añade.
Cuidado con los excesos
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define las adicciones como una enfermedad que genera necesidad o dependencia a una sustancia o a una actividad específica. «Puede ser el celular, los video juegos, no necesariamente una droga», indica la licenciada Mercado.
Agrega que: «La adicción genera el síndrome de abstinencia, es decir, hay que personas que dicen; “Ya no voy a consumir alcohol o ya no voy a estar en las redes”, pero empiezan a experimentar malestar porque la dependencia se estableció y, entonces, la adicción está en su apogeo».
Como consecuencia, dice, «la persona deja de socializar por estar bebiendo en su casa o puede perder su trabajo por el consumo de droga. Hay niños que dejan de hacer tareas porque están completamente metidos en los video juegos».
Detalla que cuando se bebe en exceso el cerebro se daña porque se van muriendo las neuronas. «Esto es lo que los jóvenes y adultos deben saber: el área frontal de la cabeza se les va muriendo por el alcohol y significa que luego no van a poder estudiar y no van a poder concentrarse. Las famosas lagunas mentales se deben a ese asesinato de neuronas que generan las drogas», sostiene la profesional.
En estas circunstancias sugiere buscar ayuda de un profesional en salud mental. «Es momento de hacer un alto y reflexionar el estado en que se encuentran», dijo.
«Estamos muy mal acostumbrados a hablar todo el tiempo, al ruido constante, y no hacemos pausas para escuchar nuestro interior, qué nos afecta, si hay algo que nos está bloqueando. Una manera sabia de conocer nuestro mundo emocional es escuchar a nuestro cuerpo», concluye.
Señales de alerta y prevención
Una adicción es progresiva y puede llevar a consecuencias fatales. Por ello es importante estar atentos a señales de alerta para prevenir que un niño o un adulto caiga en un estado del que luego será difícil salir.
Una señal de que las cosas andan mal es cuando la adicción se vuelve el centro de sus vidas, es decir que las personas dejan de hacer lo que antes era divertido o entretenido por estar inmersas en sustancias o video juegos. En este último, indica la psicóloga, el problema se evidencia cuando «al inicio juega dos horas, luego cuatro; pero luego no quiere dormir por estar jugando. Ahí es donde entra la prevención. También se debe conocer el árbol genealógico e identificar si alguno de sus antepasados padeció alguna adicción. Si se sabe que sus ancestros fueron alcohólicos, mujeriegos o adictos al juego, esa persona debería estar en un programa de prevención porque hay riesgo heredado», advierte.
La psicóloga también considera importante la educación en valores, que inicia fundamentalmente en la familia, es decir donde participan los padres o cuidadores.
Cómo se puede salir de una adicción
Hay varias formas de superar el problema de las adicciones.
«Si vamos a hablar de un niño que está adicto a las redes sociales, son los padres los responsables de buscar un acompañamiento familiar donde se escuche lo que siente, lo que le está pasando», sugiere la sicóloga clínica. «Cuando hay un niño adicto, lo que se debe buscar es la raíz, la que casi siempre viene de las discusiones, la violencia intrafamiliar, la falta de comunicación, la falta de afecto», asegura.
En el caso de los adultos, sugiere identificar si padecen algún trastorno psicológico porque «si bien la adicción es una enfermedad, en ocasiones va unida a una depresión concomitante con ansiedad o con un trastorno de personalidad».
De detectarse que un adulto sufre un trastorno psicológico, la especialista recomienda un tratamiento adecuado con un profesional, que incluya sesiones grupales. «Somos seres sociales y se necesita un grupo donde la persona sienta que sí hay apoyo, que hay vínculos y que hay salud mental, que puede confiar en ese grupo. Por eso son importantes grupos como Alcohólicos Anónimos, grupos de la iglesia. Hay personas que han salido adelante a través de una iglesia […] La psicoeducación nos ayuda a identificar la raíz de los problemas para así prevenirlos», explica la profesional.
TIPOS DE ADICCIONES
Existen, básicamente, dos tipos de adicciones: a sustancias químicas o tóxicas, como el licor, la cocaína, la marihuana; y las adicciones comportamentales o conductuales, como las compras compulsivas, el sexo, los video juegos.
«Al final, las reacciones son muy parecidas en ambas adicciones porque en las conductuales, aunque no hay una sustancia, el cerebro se vuelve adicto a la reacción de una emoción», explica la psicóloga Nikol Mercado.
«Hay muchos niños que no se concentran en clases porque están acostumbrados a la emoción de lo que está pasando en el video juego, que hay un bombazo, que hay un tiroteo, y esperan que las clases sean igual de emocionantes e intensas; pero una clase es de orden y de silencio», explica. A continuación, algunos ejemplos de adicciones.
- Alcoholismo
- Drogadicción
- Adicción al azúcar
- Juego patológico
- Tabaquismo
- Oniomanía
- Ciberadicción
- Trastorno por atracón







