En el discurso del primer mandato, el presidente Bukele anunció la aplicación de la «medicina amarga», figura que fue ocupada de manera burda por la oposición política salvadoreña para tratar de generar confusión entre la población y buscar infundir terror, lo cual no logró, pues dicha medicina amarga era la aplicación de nuestro marco jurídico al problema número uno que destacaban en aquel momento las encuestas y los estudios de opinión.
Más allá de la falta de empleo y la pobreza relativa o extrema, destacaba la inseguridad que resentía a gran escala nuestra población, y es así como el presidente Bukele, en un esfuerzo de sacar adelante su política pública de seguridad, presentó el denominado Plan Control Territorial en sus diferentes fases.
Es así como empieza una lucha en dos sentidos; por un lado, creando las condiciones para enfrentar de manera frontal y contundente a las maras o pandillas con el apoyo de la Policía Nacional Civil, Fuerza Armada, Ministerio de Justicia y Seguridad Pública y el aparato de inteligencia; por otra parte, una lucha política considerando que la Asamblea Legislativa de esa época aun contaba con mayoría por parte de 33 diputados de ARENA, 23 del FMLN, algunos diputados de PCN y PDC, y un diputado independiente. El presidente Bukele únicamente contaba con 10 diputados del partido GANA, quienes eran votos simbólicos, pues no tenían poder de decisión.
Los escenarios se volvían complicados, pues la oposición había hecho su lectura territorial, pues ceder apoyo al presidente Bukele era autosepultarse; pero no lograron medir el hartazgo de la población, que se volcó a apoyar de forma directa el proyecto político del presidente.
En 2021 la población dio mayoría al partido Nuevas Ideas, lo que permitió al Gobierno cintura para movilizarse y poder aplicar todo el peso de la ley a las maras o pandillas; cinco años después la población entera se da cuenta de que esa medicina amarga era para extirpar el cáncer más letal que asesinaba; dicho de otra manera, no era para la población honesta y trabajadora, sino para los delincuentes pandilleros y para quienes desde cargos políticos los defienden y se identifican como voceros de la delincuencia.
La toma de posesión del segundo mandato del presidente Bukele, más allá de todo el simbolismo que la caracterizó, con la mayor representación de mandatarios y representantes, además de ser un Gobierno reconocido por el 100 % de los países, de haber sido electo con la mayor votación nunca vista y el decidido apoyo de la diáspora, vuelve a mencionar como eje de su discurso «la medicina amarga», ahora en un nuevo escenario.
Lo que ahora se destaca en encuestas y sondeos de opinión es el problema económico, el cual puede ser analizado desde la visión histórica y estructural de nuestro país y derivado, además, de una coyuntura política internacional que igual nos afecta; no obstante, el presidente y su Gabinete Económico plantean el milagro económico, lo que nuevamente la oposición política salvadoreña cataloga como un ataque del Gobierno a los sectores más vulnerables, y nuevamente el presidente Bukele envía un mensaje claro y contundente de apoyo a la familia salvadoreña con el denominado Plan Económico, estructurado en seis fases, donde se comienza anunciando la eliminación de aranceles para 116 productos de la canasta básica ampliada considerando que por el momento la mayor parte de los productos alimenticios son importados, esto a la espera de una reingeniería en nuestro agro, que ya pronto estaremos produciendo para el consumo interno, y seguro estoy de que podremos exportar los excedentes.
Obviamente la oposición política adversa las medidas tildándolas de populistas, pero lo cierto es que la medida de los agromercados, que de a poco se van multiplicando, le lleva alivio económico a nuestra gente. Pero como decimos, nunca falta el pelo en la sopa, aunque igual sean beneficiarios de las políticas de un Gobierno que ellos tildan de cualquier cosa.





