Con su guitarra en mano y sacando el mejor repertorio de grandes agrupaciones del rock en español, Alejandro Romero se ha convertido en un artista que alegra los restaurantes, bares y otros comercios en Santa Ana, Chalchuapa y otros sectores de la zona occidental de El Salvador.
Su trayectoria artística, como la de muchos otros en el país, recuerda la importancia que tienen los artistas independientes, los que están al servicio de la ciudadanía en sus espacios de esparcimiento, los que alegran las tardes y las noches con las canciones que miles han cantado desde hace muchos años.
Sin embargo, Alejandro espera que su carrera escale a escenarios más grandes y que su talento sea la llave que le abra puertas de éxito, cumpliendo así sus sueños. Sobre sus expectativas y su trayectoria actual, Alejandro Romero conversó con Diario El Salvador.

¿Cuántos años llevás dedicándote a la música?
Son ya 10 años, aunque desde pequeño sentí la pasión por la música, que empezó como curiosidad, pero se convirtió en un verdadero amor por la música.
¿Tu dedicación a la música viene de familia?
Sí, viene de familia. Los hermanos de mi abuela por parte de mamá tenían un trío y por parte de mi papá, según me cuentan, están Los Hermanos Cárcamo. Creo que por ahí viene.
¿Cómo llega el momento en que decidís dedicarte a la música?
Para ser honesto, en mis años de escuela lo tomé como un hobbie que me apasionaba mucho. En bachillerato, un par de profesores me dijeron que podría sacarle provecho e, incluso, la música podría ayudarme a costear mi carrera, cosa que así fue. Desde entonces comencé a tomarlo más en serio. He tenido el apoyo de mi familia siempre, y de varios amigos, pero quería hacer cosas por mí mismo y, gracias a la música, así fue.

¿Cuál fue el artista que sirvió de influencia para vos en un comienzo?
Comencé con Guns N’ Roses y después con Héroes del Silencio. Siempre me incliné más por el rock, en inglés y en español, pero, poco a poco, me di cuenta que debía ser más versátil, así que comencé a cantar clásicos del recuerdo de la música de El Salvador, de grandes artistas o grupos como Hielo Ardiente, entre otros. Poco a poco, yendo más en serio, descubrí que tenía que abrirme a otros géneros musicales, como la salsa, cumbia o merengue. Entendí que lo más importante es que la gente esté complacida con tu trabajo, sin dejar de lado el disfrutar lo que hacés.
En tu trayectoria te define mucho el rock en español. ¿Qué artistas te han servido de influencia en este género?
Héroes del Silencio, Enanitos Verdes, Soda Stereo, Gustavo Cerati en su versión solista o, incluso, Maná. Ya en los momentos de compartir con la gente hay muchas canciones que siempre piden, como algunos éxitos de Elefante, entre otros grupos.

Los covers son propios del inicio de una carrera. Pero, ¿ya has intentado experimentar con tus propias composiciones?
He intentado, pero siento que es un talento aparte. No sé si a todos les pasa, no sé si me falta intentarlo más, pero mis primeras canciones no me parecieron del todo terminadas. Creo que me hace falta intentarlo más y, quien quita, que en unos años ya sea canciones propias.
¿Qué tan complicado es dedicarte a la música en un país como El Salvador?
Es complicado, pero hay que dar el primer paso. No te tiene que gustar, te tiene que encantar la música más que cualquier otra cosa. Pero, también, necesitas ciertas ayudas. Para mí, por ejemplo, mi primer lugar fue un restaurante en Chalchuapa que se llama «La Rinconchita», ellos me dieron esa primera oportunidad como solista, aunque ya había estado en otras agrupaciones. Lo que necesitás es impulso, una palanca para poder empezar.

¿Cómo te ayuda también el contacto con el público, el verlos cantar contigo?
Eso te motiva, te inyecta ánimo. Mi objetivo principal es que la gente esté complacida, al final me debo a ellos, sino tuviera su aceptación quizás no seguiría. Ellos son el centro de todo.







