L a reciente explosión del ausol más grande de Centroamérica, en el cantón El Barro, en Ahuachapán, removió tierra y gases desde las entrañas del subsuelo y les recordó a los lugareños cuando en 1990 ocurrió un hecho similar en el que murieron más de 30 personas y quedó sepultada en barro hirviente la panadería más grande y emblemática del lugar.
En esta comunidad hay un caserío denominado por los pobladores Las Angustias en conmemoración de ese suceso. Nelson Magaña es un exmilitar que vive cerca de la zona, por lo que llegó al lugar para ver cómo quedó.
A pesar de la cinta amarilla que restringía el paso en 75 metros a la redonda, la curiosidad lo venció, y desde la distancia le narró a su sobrino lo que vivió hace tres décadas. Magaña reside a 500 metros del ausol, por lo que recuerda con exactitud esa escena de 1990. El hombre dijo que, como parte de sus funciones militares, acudió al lugar horas después del estallido.
«Todo el cantón estaba cubierto de ceniza. La explosión fue tan fuerte que superó los 300 metros de altura. Los árboles estaban calcinados y los cuerpos, algunos sin brazos, otros abrazados a sus hijos. Fue desgarrador», relató el exmilitar.
Recordó cuando le tocó colocar la cinta de precaución alrededor del ausol y temía que se repitiera la tragedia.
«Ese ausol tenía unos dos metros de diámetro, pero con la lluvia y el desvío de un riachuelo, el agua helada entró de golpe y ocurrió la explosión. Fue devastador. La panadería desapareció y el personal murió sin tener tiempo de reaccionar.
Muchos murieron en sus camas, sin lograr levantarse. Las palmas de coco quedaron sepultadas. Nada de lo que pasó este jueves [10 de julio de 2025] se compara con eso», dijo mientras miraba una vez más hacia el cráter humeante y lo señalaba constantemente.
La zona es conocida por su alta actividad geotérmica, pues, según los expertos, en los alrededores hay al menos 130 ausoles, pero ninguno con la magnitud de este. Geólogos han confirmado que se trata del más grande de Centroamérica y que la reciente explosión fue causada por una falla local.
Para Magaña, lo que ocurrió es un recordatorio de que en esa joya natural siempre hay un inminente peligro. La zona es uno de los más grandes atractivos turísticos del departamento. Las autoridades decidieron cerrar los centros turísticos por 72 horas como medida preventiva.
«Esta zona siempre debe estar protegida. Aquí peligran las personas y los animales», concluyó.







