En una verdadera democracia se escucha y se respeta la voz del pueblo. Es él quien manifiesta su aprobación o desaprobación acerca de algo.
Uno de los cabecillas del FMLN ilustró perfectamente por qué movilizaron ayer a un par de personas que aún les cree o que fueron engañadas o que se prestaron por cuestiones económicas: «Estamos protestando porque tenemos un Gobierno que está afectando, está dañando lo que habíamos construido con los Acuerdos de Paz, está destruyendo la forma de vivir».
Bien dicen que todo cae por su propio peso. Medardo y Ortiz, ¿qué es lo que construyeron con ARENA y Rodolfo Párker?, ¿qué establecieron con sus Acuerdos de Paz?, ¿cuál forma de vivir les están destruyendo? Les ayudo a su memoria senil o de corto plazo otorgándoles el beneficio de la duda de que «no se hacen»: asesinaron a más de 75,000 salvadoreños y desaparecieron a otros miles durante la guerra que ustedes protagonizaron.
Cuando les dijeron que ya no habría más plata y armas del extranjero, decidieron poner fin a la farsa y se inventaron los Acuerdos de Paz. Con el «show» montado, con ayuda de organismos internacionales, iniciaron tres décadas de oscuridad, corrupción y estafa a todo un pueblo. Desfalcaron al país, montaron sus aparatajes desde la silla presidencial para saquear. Les mintieron a los cientos de miles de trabajadores, veteranos y excombatientes.
El sistema de vida que establecieron fue para proteger los poderes económicos, protegerse ustedes mismos de todos los delitos, permitir a los cabecillas rojos ser los nuevos ricos y pactar con grupos criminales para utilizarlos con fines macabros.
Y al pueblo que les daba sus votos, ¿qué le dieron? Fácil: más muerte y desapariciones, extorsiones, zozobra, pobreza; le negaron educación, salud y desarrollo económico. La única forma de regresarle el país a los salvadoreños es derribando ese muro que ARENA, FMLN y el PDC de Párker levantaron con el poder fáctico, pegado con ladrillos de corrupción y sangre inocente.
Los vientos de destrucción que como guerrilleros soltaron en la guerra no se comparan con el daño estructural que hicieron a El Salvador con seis gobiernos compartidos con los tricolores, quienes eran «Street Kings».
Ahora, ven con terror y pavor como el presidente Nayib Bukele está moviendo los cimientos de ese sistema nefasto, derribando ese muro que levantaron. Porque es la única forma de reconstruir nuestra nación al servicio de todos los salvadoreños. Continuar utilizando criminales, mercaderes de religión, organizaciones de fachada a quienes financian, a sus jueces y medios de comunicación es revolcarse en su podredumbre para hacer como hace el perro que vuelve a su vómito. Salir en defensa de los grupos terroristas, de «sus derechos», olvidando que son los responsables de la sangre de miles de inocentes, demuestra una vez más que son trapo de inmundicia.
El presidente Bukele aceptó la bandera de rescate que el pueblo le entregó y la ha asumido con valentía y coraje, contra todos los que disfrazados de «democracia» fueron parte del sistema asesino y corrupto, sean nacionales o extranjeros. Cada día, nuestro mandatario y su Gobierno se ponen el casco de constructor y, piocha y pala en mano, avanzan en la construcción de un verdadero muro protector de familias salvadoreñas. Another brick in the wall.







