Recién se inicia el primer Gobierno de Nayib Bukele se plantea como primera gestión la limpieza social para poder realizar cualquier plan de trabajo o promesa ofrecida en la campaña.
El Salvador, sometido a una contaminación de vandalismo, corrupción a todos los niveles oficiales, coerción, chantaje, estafas, mil acciones criminales y atentados contra un pueblo completamente desprotegido, a merced de un Estado al servicio de maras, pandilleros y, además, un resto de malversadores y cómplices políticos. No era fácil, factible… posible realizar ningún programa de Gobierno si el país estaba en las manos de la delincuencia, prácticamente en todas sus estructuras sociales. Entonces lo que ordenaba la acción era eso: limpieza total de la casa para vivir en paz y confianza toda la familia salvadoreña.
Con dificultades, con errores, fallas aquí o allá, en todas sus dimensiones, imposible la perfección, para librarnos de aquel estado de opresión en que nos tenía ese espectro social, pero con la participación y el interés de la población, consciente de la iniquidad en que estaba viviendo, aportando una mano y la aprobación unánime de que ese tenía que ser el camino que hasta ahora vamos labrándolo, segando la maleza, regando los jardines del amor y la paz para reconstruir nuestro terruño, convertirlo en un nuevo El Salvador y con posibilidades muy ciertas de llevarlo de la mano entre todos a constituirse en una gran nación llena de esperanzas y sueños.
Sus hijos, sus nuevas generaciones pujantes, conquistando el futuro a fuerza de estudios, trabajo y el logro de todas sus ambiciones que se merece. ¿Falta mucho que hacer? Sí: viviendas dignas y accesibles para las comunidades que viven en las faldas de los cerros, en champas insalubres, infrahumanas; mejorar en todos los niveles nuestro sistema educativo, en ambientes propicios, docencia de primera línea y bien remunerada, la universidad nacional en sus cánones fundamentales de educación. Fuentes de empleo digno y bien remunerado, que puedan resolver la cruda realidad de miseria en miles de hogares salvadoreños que representan un gran peligro para la formación integral de los hijos, en riesgo permanente de caer en acciones delincuenciales y en el emprendimiento de oficios expuestos a la intemperie o perturbando el orden, y saneamiento ambiental en los espacios urbanísticos, donde justamente queremos convertir espacios de recreación y expectativa para el turismo nacional e internacional, que es una fuente de recursos para nuestro país.
Además de esto, necesitamos reconvertir todos los espectros oficiales del Estado, como Asamblea, alcaldías, distritos y todas las oficinas de servicio social en entes con un servicio excelente, de primera, ilimitado en sus garantías sociales y de protección a nuestra población. Que la gente se sienta segura, enaltecida como ciudadanos merecedores de una buena atención y respeto en esos centros de poder, como en el sistema de salud.
Todo esto es necesario mejorar cada día por parte de las autoridades gubernamentales, y pensamos que es así como lo deben estar planificando para tener ese nuevo El Salvador.
Saliendo de un temporal imprevisible, con fallecidos, deslaves, derrumbes, caídas de árboles, desbordamientos y otras desgracias naturales, nos damos cuenta de las debilidades estructurales que tenemos frente a esos eventos que en cualquier día tenemos que enfrentar. Algo que no puede seguir aplazándose por ninguna otra gestión, porque esos eventos, según la información mundial que tenemos, están a la orden del día en todas las latitudes. Todos los recursos deben ser puestos al servicio de esa reestructuración social para evitar calamidades.





