Las exitosas políticas del Plan Control Territorial del presidente Nayib Bukele han convertido a El Salvador en el país más seguro del hemisferio. Lo prueban los múltiples días sin homicidios registrados durante la gestión del mandatario y la satisfacción del pueblo salvadoreño de vivir, por primera vez en la historia, en verdadera paz.
Gracias al régimen de excepción, las autoridades de seguridad pública, en combinación con aplicadores de justicia comprometidos con el bienestar de la nación, han logrado desarticular a las principales pandillas que tenían sometidas bajo el terror a comunidades a lo largo y ancho del país.
Con más de 80,000 integrantes y colaboradores de maras detenidos, procesados y encarcelados, los salvadoreños han logrado reencaminar al país, logrando un auge de la economía local, pero también atrayendo a turistas, un fenómeno que antes era impensable, dadas las duras condiciones de inseguridad en las que se vivía, debido a la negligencia e incluso complicidad de los gobiernos pasados, de ARENA y del FMLN.
La captura de los pandilleros no solo ha llevado la verdadera paz a barrios y colonias, sino que también ha permitido la dinamización económica y el surgimiento de iniciativas ciudadanas para cultivar las artes y otras expresiones populares.
Sin embargo, eso no significa que ya no existan delitos. Siguen ocurriendo porque todavía hay remanentes de las pandillas, muchos de ellos ocultos desde hace varios meses y otros que deciden actuar a plena luz del día. También se han dado casos en que otros criminales también afectan a la población, incluso se han reportado homicidios que ya no son cometidos por las maras.
Sin embargo, gracias a la pacificación del país, tanto policías como fiscales tienen menos recarga laboral y pueden actuar mucho más rápido y efectivamente para capturar y procesar a los delincuentes que surjan.
Gracias a la denuncia ciudadana por medio de las redes sociales y a los más completos sistemas de videovigilancia implementados por alcaldías e instituciones de Gobierno es posible detectar crímenes, darles seguimiento y proceder a la captura de los malvivientes.
De esa forma, los asesinatos que han ocurrido en los últimos meses han sido resueltos de manera ágil con la captura de los responsables. Lo mismo ha ocurrido con otros delincuentes que han sido captados amenazando o agrediendo a ciudadanos, así como violando las leyes de tránsito.
Con más seguridad es más fácil que las autoridades puedan dedicarse a erradicar hasta la última de las conductas delincuenciales que todavía sobrevivan en El Salvador.






