Si bien hacer ejercicio, comer saludable y relajarse son hábitos fundamentales para enfrentar el estrés, profesionales de la psicología ofrecen otra gama de recomendaciones que permiten un bienestar físico y mental.
El estrés usualmente se manifiesta con tensión muscular, dolor de cabeza, malestar gástrico, dificultades para dormir o cambios de humor, y es necesario actuar con prácticas de autocuidado para evitar consecuencias graves como enfermedades cardiacas, depresión o ansiedad.
Parafraseando a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la psicóloga Eloísa Segovia define el estrés como «la respuesta natural del cuerpo ante una situación de desafío o exigencia» y, como tal, todos los seres humanos estamos expuestos a situaciones que el cuerpo percibe como peligro o amenazas.
En ese sentido, dice, la clave es saber cómo manejarlo. «Siempre es necesario reconocer que estamos estresados y que hay una situación que nos está produciendo ese malestar. Entonces, debemos buscar ayuda inmediata», explica Segovia, quien plantea una serie de recomendaciones.
Primero: reconocer lo que se puede cambiar. «Hay que aceptar que no puedes cambiar ciertas cosas y eso te permite dejarlas ir y no alterarte», expresa la profesional, quien labora en la clínica parroquial María Auxiliadora (Don Rúa), en San Salvador. Otra decisión fundamental es evitar situaciones estresantes: «Siempre que le sea posible, aléjese de la fuente de estrés. Por ejemplo, si su familia discute en los días festivos, dese un descanso, salga a caminar o a dar una vuelta», indica.
Actividades placenteras
Para manejar el estrés es necesario practicar ejercicios y desarrollar actividades placenteras. «Haga algo que disfrute para ayudarle a ponerlo de pie, de nuevo. Puede ser algo tan simple como leer un libro, escuchar música, ver su película favorita o salir a cenar con un amigo. Intente hacer, al menos, una cosa al día que sea solo para usted», explica la psicóloga.
Es importante es dormir lo suficiente porque esto ayuda a pensar con más claridad y a tener más energía; es esencial conectarse con los seres queridos, confiar los problemas en un amigo y hacer prácticas de relajación, agrega. «Las técnicas de relajación ayudan a disminuir el ritmo cardiaco y a reducir la presión sanguínea. Existen muchos tipos, desde respiraciones profundas hasta yoga y taichí (meditación con movimientos lentos y respiración controlada)», explicó.
Atentos a las señales
Aunque cada persona reacciona diferente frente al estrés, hay señales comunes para identificarlo, detalla la experta. «Hay cambios de humor y dificultades en sus relaciones interpersonales. De repente, andar de buenas y, de repente, de malas. Preocupaciones excesivas», detalla. A su consultorio llegan con frecuencia niños y adolescentes estresados por la carga académica y adultos que aducen sufrir por una alta carga laboral.
En estos casos, usualmente les sugiere «bajar la intensidad, hacer ejercicio o alguna actividad física, relajarse, convivir con la familia, hacer actividades placenteras».
Sin embargo, reconoce que en caso de llegar a un estrés crónico es necesaria la terapia psicológica junto con la medicación para lograr un efecto calmante.
Clasificación del estrés
La psicóloga Eloísa Segovia expresó que el estrés no siempre es malo. Así como hay uno que es negativo, hay uno que es positivo y ayuda superar metas.
Estrés positivo (eustrés): Es percibido como estimulante y desafiante, motiva a alcanzar objetivos y a mejorar el rendimiento. Ayuda a aumentar la concentración y la productividad. Ejemplos: Preparar un viaje, iniciar un nuevo proyecto o participar en una competición deportiva.
Estrés negativo (distrés): Es percibido como abrumador y perjudicial, puede generar ansiedad, irritabilidad, fatiga y problemas de salud, disminuye la productividad y puede llevar al agotamiento. Ejemplos: problemas laborales, conflictos familiares o problemas económicos.
Algunos síntomas del distrés son:
- Agonía emocional. Una combinación de enojo o irritabilidad, ansiedad y depresión.
- Problemas musculares. Dolores de cabeza intensos, dolor en la espalda o en la mandíbula; problemas de tendones y ligamentos.
- Problemas estomacales e intestinales. Acidez, flatulencia, diarrea, estreñimiento y síndrome de intestino irritable.
- Sobreexcitación pasajera. Deriva en elevación de la presión sanguínea, ritmo cardiaco acelerado, transpiración de las palmas de las manos, palpitaciones, mareos, migrañas, manos o pies fríos, así como dificultad para respirar y dolor en el pecho.







