Los políticos de vieja usanza no han cambiado ni cambiarán, por lo visto, a pesar de los desastrosos resultados que obtuvieron en las elecciones del 28F, cuando los votantes decidieron otorgarle una gran victoria a Nuevas Ideas y enviar casi a la extinción a los partidos tradicionales de las últimas décadas.
Uno esperaría la celebración de un cónclave por parte de los grandes perdedores, cada uno por su lado, para analizar a profundidad las causas de su debacle y perfilarse como verdadera oposición que aporte al desarrollo del país, y tal vez así volver a obtener el agra[1]do del supremo elector.
Pero no. Como obviamente sus intereses no estaban en el trabajo a favor del pueblo salvadoreño, siguen respondiendo a quienes los acuerparon política y financieramente, aunque ello resultó en pasar a ser irrelevantes.
En lugar de reenfocarse, unificaron discursos para seguir ata[1]cando al Ejecutivo y a las bancadas legislativas de Nuevas Ideas y GANA, cuya correlación es suficiente para tomar decisiones que, aunque no agraden a ciertos grupos, son el resultado del ejercicio democrático.
¿Quién dio y quién quitó autoridad para ello? El pueblo. A los supuestos defensores de la democracia (https://diarioelsalvador.com/ las-democracias-en-el-salvador/56359/) ahora les parece que el pueblo salvadoreño no tiene suficiente sabiduría para escoger a sus gobernantes y darles una lección.
Esgrimen un sinfín de argumentos, a cual más académico, para deslegitimar el sencillo y claro resultado que obtuvieron Nuevas Ideas y el Ejecutivo para tomar las decisiones que mejor estimen convenientes, acordes con nuestras leyes. Es interesante que tras las primeras votaciones en la nueva Asamblea Legislativa muchos argumentos no tuvieran su base en alguna ilegalidad comprobada del proceso, sino más bien en las formas.
Y para gustos los colores. Plantean que no era el momento, que muy rápido, que debía discutirse pri[1]mero en esta o aquella comisión, que debió hablarse con este o aquel país, consultar a cuanto tanque de pensamiento existe en la región… y así pasaríamos otros 30 años.
Desean que las cosas se sigan haciendo igual, y si no, argumentan que no hay libertades. De hacerles caso, los resultados serían los mismos que cada salvadoreño ha visto en su vida. ¿Acaso no deseamos algo verdaderamente diferente? El pueblo le dio su voto de confianza a Nuevas Ideas y a GANA, y en menor proporción al resto de los grupos o representantes parlamentarios. Retomando las palabras de la exdiputada arenera Milena de Escalón, «así es la democracia, les gusto o no les guste».
Claro, las expresó en una coyuntura totalmente diferente, cuando su partido copaba prácticamente todas las estructuras del poder en sus variadas manifestaciones. El soberano confía en que los nuevos diputados tomen las decisiones correctas que les favorezcan, y ese es el camino. Lo mismo han hecho con el Ejecutivo, y de ahí la sostenida buena calificación a su trabajo.
Ha puesto en sus manos la oportunidad, el privilegio y la responsabilidad de construir un nuevo El Salvador. Si lo hacen bien, se refrendará el apoyo en tres años. Hay que saber captar el mensaje






