Cuando la amplia mayoría de la población de un país opina y actúa en concordancia con las acciones, obras y opiniones de un líder, potencia su crecimiento, abre infinitas posibilidades para lograr una mejor calidad de vida de forma permanente. Es un proceso dinámico, donde el combustible principal es la confianza obtenida a través del cumplimiento de las promesas con creces.
Esta dinámica tiene combustible propio y una vez la combustión se activa es indetenible. Los pocos que no entienden o no quieren entender este proceso son los que en el sistema caduco anterior obtenían beneficios de forma fraudulenta. La nueva realidad se encargó de aniquilarlos.
En cualquier relación la esperanza y la fe son vitales para el buen funcionamiento de esta; son de las cualidades que más se valoran, porque es el vínculo que una vez roto no se recupera. Podemos fallar en otras condicionantes de una relación, pero no en esa. Esperanza y confianza en que se cumplirá lo pactado. La mayoría de los liderazgos pierde fuerza al perder la certeza de la mayoría en su guía. Cuando las acciones son en beneficio de esa mayoría podemos decir que el proceso crecerá y se mantendrá en el tiempo.
Es recíproco. Cuando las mayorías ven obras en beneficio de sí mismas actúan apoyando con mayor fervor a su guía y ponen de sí para lograr los fines propuestos. Esto es lo que ocurre en nuestro querido El Salvador.
Es una mínima porción de la población que antes recibía prebendas la que se opone, quedando cada vez más aislada; los liquidamos en la última elección, son cascarones vacíos que ya nadie escucha por más que traten de maquillar su podredumbre.
Los logros en seguridad, infraestructura productiva, tecnología, turismo, educación, salud, plan agrícola, energía, entre otros, son evidentes. Ahí están las obras, ahí están los datos, ahí están los beneficios que recibimos.
En la historia moderna a escala mundial ningún líder constitucionalmente elegido ha mantenido de forma permanente 93 % de aceptación en su gestión. La palabra clave vuelve a ser «confianza», a través de hechos concretos, a pesar de errores y malentendidos en otros órganos del Estado.
La imagen del presidente de la república, Nayib Bukele, sigue incólume, la mayoría percibimos en sus acciones honestidad y eficiencia, dos factores importantes en un liderazgo. Aprovechemos el momento para mejorar en todos los aspectos de la vida nacional. Los resultados son los que mandan, lo demás es romanticismo.






