Ayer hablamos sobre la diversidad de flora y fauna que tiene el Parque Nacional San Diego y San Felipe Las Barras, ubicado en Metapán, Santa Ana. Hoy abordaremos sobre el atractivo turístico que posee.
Si lo tuyo es disfrutar la naturaleza, escuchar pájaros y conocer nuevas especies, esta es tu oportunidad para realizar una caminata por dos senderos disponibles, los cuales te permitirán una experiencia inolvidable.
Sin duda, en películas has observado la época del otoño y este parque parece una postal de esa estación en época seca, ya que está ubicado sobre piedras volcánicas. En época de lluvias, en cambio, observarás árboles muy frondosos.
El primer destino obligatorio es la Cueva Escondida, que se encuentra a un kilómetro de la entrada del parque. Esta es una de las entradas a la maraña de túneles que el magma arrojado por el volcán San Diego formó hace miles de años.
Los guías informan que dentro de la cueva habitan murciélagos, pero son inofensivos.
El espacio a recorrer mide unos 200 metros cuadrados. Hay partes donde puedes permanecer de pie, pero en otros avanzas en cuclillas.
Llama la atención la textura en la parte de arriba de la cueva debido a la filtración de agua y los minerales tienen una forma de escarcha.
A medida se avanza se puede ver los murciélagos que, al sentir la presencia de humanos, comienzan a revolotear. Por lo oscuro del sitio solo puedes escuchar el sonido de sus alas.
Tras avanzar unos 150 metros dentro de la cueva el camino se vuelve más escabroso y angosto. El ambiente es frío y silencioso.
Al llegar a los 200 metros ya no es posible seguir la marcha debido a que el camino se vuelve intransitable, pero hasta ahí toda la experiencia ha merecido la pena y será un recuerdo inolvidable.



El segundo destino, que se encuentra a unos dos kilómetros desde la entrada al parque, es el mirador. Para llegar se sigue un sendero que requiere un poco de esfuerzo ya que es subida.
Al llegar, te encontrarás una torre de hierro de tres niveles que te permite observar casi todo el parque.
Tiene una vista 360° y verás los tres tipos de bosque que forman el parque (caducifolio, perennifolio y ripario), el volcán San Diego y el lago de Güija.
En el lugar se observan varios grupos de cerros. Los guías explican que son volcanes no activos. Los volcanes son San Diego, Mazatepec, El Tule, Las Iguanas, Vega La Caña y los cerros La Campana, Los Hornitos, Loma La Cuaresma y El Igualtepeque.
También tienes la opción de escalar el volcán San Diego. El recorrido dura de tres a cuatro horas, aunque todo depende del ritmo de los turistas.
En el lugar podrás observar el cráter que tiene un diámetro de 25 metros y una profundidad de un kilómetro.
Si deseas visitar el Parque Nacional San Diego y San Felipe Las Barras debes tener claro que está prohibido el ingreso de plástico de un solo uso como pajillas, vasos y platos, ya que se tardan miles de años en degradarse y son un peligro para los diferentes ecosistemas.


Importancia arqueológica
Dentro del parque se encuentran cinco sitos arqueológicos prehispánicos (600 a 1,525 d. C), estos son Teotipa, Belén Güija, Azacualpa, San Diego y la isla Igualtepeque o también conocido como Cerro de las Figuras.
Uno de los más visitados en el Cerro de las Figuras, en el lago de Güija. Lo curioso es que puede observarse a plenitud solo en la época seca cuando baja el nivel del agua baja y se convierte en una península a la que se puede acceder a pie o en carro. Ahí hay decenas de petrograbados. Si vas en época lluviosa debes de embarcarte para apreciar un par de ellos.
El islote guarda la mayor concentración de petrograbados conocida en Centroamérica; en piedras de todo tamaño se conservan formas de animales y deidades. Estos son vestigios de antiguas civilizaciones con las representaciones del Dios de la Lluvia (Tlaloc) y Quetzalcoatl, entre otros. Este ha sido declarado Sitio de Patrimonio de la Humanidad.
Los petrograbados fueron descubiertos con la construcción del canal de desagüe del lago de Güija hacia la presa hidroeléctrica Guajoyo, en 1957.









