(HACIA UNA CONCEPCIÓN MÁS HUMANA DEL PLANETA) PARTE 1
Qué nos hace una sola especie a los seres humanos? El que vivamos en un mismo espacio. Pueda que los tiempos sean distintos entre los que estuvieron, estamos y estarán en este mundo, pero lo común en todos es que vivimos en el mismo espacio; el mismo cosmos. Por tanto, reconocer que esta es la casa común es mostrarse conforme en que somos una familia toda. La pregunta sería entonces: ¿por qué no nos unimos para el bien común? Ese deseo de mantener separada a la especie en cuestión de raza, sexo, religión, economía, etcétera, no es más que un razonamiento ilógico y poco humanista.
Por ende, lo planteado conlleva a lo expuesto por el maestro Milan Kundera en su novela «La inmortalidad»: «Vivir, en eso no hay felicidad alguna. Vivir: llevar por el mundo a su dolorido yo. Pero ser, ser es felicidad. Ser: convertirse en fuente, en recipiente de piedra sobre el que cae el universo como una lluvia tibia». Ser persona, ser humano, ser una sola especie, ser un yo y un tú dispuestos a crear lo que es necesario para no solo vivir, sino, ante todo, para ser. Este mundo en el que vivimos es un solo espacio en diversos tiempostal deben crearse las condiciones de una mejor forma de coexistir.
Ciertamente, la realidad tal como se concibe necesita estructuras nacionalistas y aspectos culturales distintos que enriquecen la vida humana en sociedad; pero menos cierto es que al final una sola especie somos y deberíamos ante todo respetar nuestra esencia común, estando dispuestos a servir y perdonar.
El fenómeno que el país ha vivido en los últimos años ha dado pie a consagrar esa posibilidad de un país completo, unido, y debería ser a escala de América y del mundo esa posibilidad de ver que tenemos más en común que diferencias que nos separan y nos obligan a dañarnos unos a otros.
Ante tal situación planteada, se necesita postular una figura clara: todo es posible para quien considera que el bien que me hago se lo hago al otro, y la paz que consigo la ofrezco también al otro. Actualmente, se está posando en el horizonte de la realidad mundial una posible guerra de grandes latitudes, como si eso solucionara los problemas del mundo; todavía no comprendemos que estamos dentro del mismo cosmos y, por tanto, deberíamos trabajar por mejorarlo y no por destruirlo. Hoy más que nunca hay que ser pacificadores y dadores; pero esto no es posible sin la adecuada consciencia despierta.
Lo expuesto con antelación no es más que un llamado a la reflexión, no se puede ni se debe sacrificar la vida humana en pos de deseos mercantilistas o de raza, como pasa
entre Israel y Palestina y las otras naciones
alrededor de ellas que se han sumado al
conflicto. Nada tiene sentido si quienes lo
buscan no poseen en sí mismos sentido; no
pueden pretender alargar la vida quitando
vidas, ni crear paz por medio del conflicto.
Como diría el maestro Erasmo de Rótterdam: «La paz más desventajosa es mejor
que la guerra más justa», no hay motivo de
paz con motivo de guerra, aunque se razone
como justa.






