El derrocado presidente venezolano Nicolás Maduro apareció sonriente el jueves ante un tribunal de Nueva York, donde no tomó la palabra, en su segunda comparecencia desde su captura por parte de Estados Unidos.
En el transcurso de una audiencia que duró poco más de una hora, el juez a cargo del caso hizo saber que no tenía intención de acceder a una solicitud de sus abogados para desestimar los cargos por razones procesales.
Imputado por el delito de narcotráfico junto con su esposa Cilia Flores, de 69 años, el antiguo hombre fuerte de Venezuela, de 63 años, se mostró relajado, sonriente, con su uniforme de preso, tomando notas, conversando con sus abogados a través de un intérprete y lanzando miradas a los bancos de la prensa.
Los dos están detenidos en una cárcel de Brooklyn desde hace casi tres meses.
Solo habían salido el 5 de enero, dos días después de su captura, para su primera audiencia, en la que Maduro se declaró «prisionero de guerra» y «no culpable» de las acusaciones en su contra.
Los cargos son de conspiración por «narcoterrorismo», conspiración para importación de cocaína, posesión de ametralladoras y artefactos destructivos y conspiración para la tenencia de esas armas.
El presidente estadounidense, Donald Trump, dijo el jueves que Maduro enfrentará «otros cargos» judiciales más adelante. «Ha sido demandado por solo una fracción de las cosas que ha hecho. Otros cargos serán presentados, como probablemente saben», declaró a la prensa en la Casa Blanca. «Asumo que tendrá un juicio justo» y que enfrentará «otros juicios», sostuvo.





