Hijo y nieto de socorristas, a Hárold Leví Alcántara Cabrera prestar auxilio le corre por las venas, y a sus cuatro años se ha convertido en el elemento más joven de la seccional de Cruz Verde Salvadoreña en Santa Ana, donde está dispuesto a acompañar a sus compañeros y «salvar personas», como él mismo expresa.

El pequeño Leví conoció la sede de Cruz Verde antes que el kínder donde actualmente estudia, debido a que su padre, Carlos Alexánder Alcántara, quien ya era socorrista, lo tenía que llevar a sus turnos cuando no había quien lo cuidara. Así, desde los dos años, el niño fue creciendo entre las pañaleras, las loncheras, los botiquines de emergencia y las sirenas de las ambulancias.

«Me gusta venir acá a la base con mi papá y mi abuelo, me gusta salvar personas, ya puedo hacer vendajes, me gusta andar en la ambulancia. Yo no me acuerdo cuántos años tenía, pero siempre me ha gustado venir y cuando esté grande también voy a salvar personas», dice muy suelto de palabras el pequeño socorrista.

Tras los primeros meses de haber llegado se ganó el aprecio de todos sus compañeros, comenzando a convertirse en la imagen de la institución para las actividades sociales como desfiles, aniversarios, celebraciones y otros, pero siempre frecuentando la base donde ha desarrollado el espíritu de servicio y ha aprendido cosas propias de esa actividad, como algunos nudos, vendajes o a preparar el botiquín.

Su abuelo, Edwin Alcántara, también socorrista, guardavidas y dirigente de Cruz Verde, señala que a su nieto siempre le ha atraído el voluntariado y sus llegadas a la base ya no son porque no hay con quien dejarlo, sino porque él lo solicita.

«Hárold Leví prácticamente aquí en la base nació; a su corta edad empezó a ver a los compañeros, interactuaba con ellos, se involucraba indirectamente, se fue motivando hasta que decidimos uniformarlo, y desde entonces nos acompaña en actividades donde no requiere ponerlo en riesgo», dice su abuelo.

Don Edwin recuerda que dentro de las experiencias vividas está cuando hacían un viaje a una celebración en San Salvador, y se encontraron un accidente en el camino; Hárold Leví fue uno de los primeros en intentar socorrer a las víctimas, pero por el riesgo que representaba la escena, solamente lo dejaron entregar uno de los botiquines a la socorrista mayor.

Su crecimiento dentro de la institución, agrega Alcántara, le ha permitido desarrollar valores como la solidaridad, el compañerismo y otros que pone en práctica en su día a día.

En el kínder donde estudia hubo un accidente en el que uno de sus compañeros resultó lesionado, y fue Leví quien le recomendó a los maestros llamar a Cruz Verde, porque él es socorrista, y aseguró que le brindarían auxilio de forma inmediata.

Los maestros dudaron sobre lo manifestado por el pequeño, pero llamaron a la institución de socorro, que llegó a la sede del kínder, brindó atención al menor y lo trasladaron a un centro asistencial.

El pequeño socorrista señala que continuará los pasos de su padre y abuelo, y espera llegar a adulto siendo socorrista y continuando con la labor humanitaria de «salvar personas».

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