I
En el pacto que puso fin al conflicto armado interno, en 1992, se acordó la disolución de los antiguos cuerpos de seguridad pública militarizados y la creación de una nueva Policía Nacional Civil (PNC). Esta comenzó a formarse en 1993 e inició su despliegue progresivo en 1994.
En aquel momento las pandillas eran un problema aún incipiente y circunscrito a los barrios y colonias populares. Eran un problema de pobres y entre pobres que no afectaba los intereses de las clases medias y altas. Lo que sí afectaban estas de manera directa era el surgimiento de varias bandas del crimen organizado dedicadas al secuestro y al asalto de bancos, establecimientos comerciales y furgones con mercadería.
Entonces la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) exigió al Gobierno que combatiera a fondo esas bandas y hasta apoyaron económicamente esa tarea, para la cual contrataron a expertos internacionales que operarían en coordinación con la nueva Policía o incluso de manera paralela y encubierta.
A los equipos especiales involucrados los empresarios les proporcionaron tecnología por entonces disponible, automóviles opetivos, casas de resguardo, estímulos económicos en forma de bonos y otros apoyos de diverso tipo.
Así pues, el Gobierno y los empresarios concentraron todos sus esfuerzos en esa batalla, y la ganaron casi por completo en un tiempo relativamente corto, ya que la mayoría de aquellas agrupaciones delincuenciales, sobre todo las más peligrosas, fueron efectivamente desarticuladas. Es decir, que para resolver ese tema específico sí hubo voluntad y disposición de construir las capacidades necesarias.
Pero no hubo la misma voluntad ni la misma disposición con relación a las pandillas. Según ellos, ese no era su problema. Gravísimo error, como se vería claramente en muy poco tiempo.
II
Mauricio Antonio Arriaza Chicas, a quien sus amigos llamaban afectivamente el Chelito, entró a la Escuela Militar en plena guerra civil, en 1986. Recibió entrenamiento especial en la Escuela de las Américas de Fort Benning, Estados Unidos, y en la Escuela de Carabineros de la República de Chile.
Obtuvo el grado de teniente en 1989 y era un oficial disciplinado y eficiente, un organizador nato, planificador y con una especial capacidad para recoger, procesar y sistematizar información de inteligencia.
Era un estratega. En 1993, ya finalizada la guerra civil, ingresó a la naciente PNC y formó parte de su primera generación de oficiales. De hecho, su carné de identificación como miembro de la institución era el 01.
A esa primera generación de oficiales de la PNC perteneció también el teniente de la Fuerza Armada Douglas Omar García Funes, conocido como el Carabinero por su especialización en la famosa escuela policial chilena.
El Carabinero era al cien por ciento un hombre de acción, eficiente y aguerrido, incansable y audaz. Era un jefe táctico extraordinario.
Su talento era plenamente complementario al del Chelito y juntos, casi siempre sin los medios necesarios y sin el apoyo de sus jefes y por eso mismo muchas veces marginados, enfrentaron en primera línea la mayor densidad de maldad criminal: las pandillas salvadoreñas que, como dijo el presidente Nayib Bukele, «eran las más grandes, las más estructuradas y las más sanguinarias del mundo».
Y juntos las derrotaron, y juntos, Arriaza Chicas y García Funes, en el mismo momento y el mismo lugar, ya con más de tres décadas de servicio a la patria, ofrendaron sus vidas durante el cumplimiento de una misión.
Jamás los olvidaremos.






