Desde todo ángulo fue un grave error el que cometió el funcionario del Gobierno mexicano al afirmar que de El Salvador salió una avioneta cargada con droga. La facilidad con la que se deslizan cosas sin la menor investigación puede desatar enfrentamientos entre países que han tenido excelentes relaciones. Y alimentan a los «conspiranoicos».
Al menos, reconocieron el error públicamente. Se reconoce la aclaración diplomática. Era obvio que los pordioseros de las letras se subirían rápidamente al tema y moverían artículos en medios extranjeros de la misma calaña.
La nota del día del panfleto del centro y las cartas de su principal asesor y mentor de sus «plumíferos» fueron dedicadas al asunto. Ni lerdos ni perezosos, también los matadores con pluma y micrófono, que se arroban el calificativo de «investigadores», escupieron elucubraciones y crearon «grandes historias».
Al conocer la verdad, ¿rectificaron? Por el contrario, se alocaron como cucarachas fumigadas, pero siguieron escribiendo estupideces, pues para eso les pagan los conspiradores y enemigos del pueblo salvadoreño. Otro caso que los ha puesto también de rodillas, al igual que a las ONG, es el del sujeto que vendieron como «gran defensor de derechos humanos». Pues, bien dicen que la mentira tiene patas cortas.
Las investigaciones de la Fiscalía demostraron que el tipo estafó gente. Bueno, qué más que la misma madre esté resolviendo con las víctimas, pagando por cuotas la sinvergüenzada de su hijo. Pero para los «incómodos» son «perseguidos y presos políticos».
Paréntesis. La señora que andan vendiendo por el mundo «que está encarcelada por criticar al Gobierno y porque lucha por la transparencia», pues los invito a ver su historial. Es que, sin duda, las letras carroñeras siguen estrellándose en la realidad. Lo que hace muchos años fue al menos un periodismo mediocre ahora es el show de los bufones «iluminados e incómodos». ¿Cómo es posible que aún se autodenominen «investigadores» y digan que son «periodistas de la verdad»?
El acólito de mafias internacionales, negociador de caballos de raza con narcos reconocidos a escala mundial y que hoy enfrenta la justicia, tinterillo de páginas digitales, tiene todavía el descaro de decir que quienes escriben bondades oficiales —que son realidades, aunque le duela— «dejaron de ser periodistas». Definitivamente el trol tiene cara. El que nace torcido… bueno, es de familia.
Lo que hay que entender es que vivimos en una coyuntura en la que los escribientes de inframundo se inventan notas con fuentes que «hablan desde el anonimato», presentan información de manera parcializada, difunden «noticias» falsas intencionalmente, se suben a las sandeces de cualquiera que despotrique contra el Gobierno de Nayib Bukele y lo presentan como verdad. Ya no les importa la verificación, el contraste. La meta es guerrear contra cualquier acción o decisión oficial. La ética, la calidad y la integridad de la información no forman parte de sus quehaceres.
El dinero, venga de donde venga, es el que les saca la punta a sus lápices. Quienes pierden, también, son aquellos medios internacionales que les dan espacios a sus conspiraciones y trivialidades, a sus mamotretos cargados de desinformación y calumnias.
Es por eso que una de las críticas más recurrente hacia los medios de comunicación en América Latina es que las plumas anteponen el negocio a la calidad de la noticia. Pero muchos «periodistas éticos» son manejados por los conspiradores con chequera. Y todavía algunos escribas se creen la vaca que más muge o la gallina que más cacarea. Decía un jefe de información que «no existe el mal periodismo», lo que hay son malos periodistas.
Y los malos periodistas son como los malos médicos que en sus manos llevan la sangre de inocentes. Pisotean reputaciones, entorpecen procesos, proponen la mentira como verdad y viceversa, construyen prejuicios, todo bajo una táctica premeditada: desinformación, cuyo significado es muy cercano al delito. ¡Qué decir de la lucha que tienen para liberar criminales! No hay duda de que un «periodista» que miente es como un médico que mata. En este asunto, hay una situación inapelable.
Hay «periodistas» que se mueven según los intereses del poder económico y/o del poder político. Por lo que sus escritos son parte de conspiraciones. Esto derivó, desde hace varios años, en la creación de periódicos digitales, y algunos de ellos simplemente para favorecer a sus patrones y pelear contra sus enemigos, ya sean comerciales o políticos. Se convirtieron en transmisores de agendas perversas. «Menteros» a morir.
Los «estipendios» de Ávila y Margarita se quedan cortos. Es por eso que, en el mundo, se ha hecho habitual leer y oír noticias, análisis, debates sobre cualquier situación, llenas de repetición de datos e información sin contrastar, simplismo, falsedades dependiendo de la línea ideológica del medio, o del mismo periodista. Un docente de periodismo sudamericano escribió en 2021 una nota con mucha tristeza. Dijo que muchos escribientes deberían quitarse la máscara de la «autonomía e independencia» y mostrar la verdadera cara de activistas políticos y de mercaderes de las letras, pues «perros guardianes de la sociedad» no lo son, ya que son simples expositores del poder, y desinformar y mentir les «es tan normal como tomarse un café».
Son escribanos que van por el mundo pidiendo plata para sacar notas en sus medios. Es que, en realidad, varios del «cuarto poder» se volvieron adornos de los perversos con cartera. Venden el oficio de acuerdo con el tamaño del «fajo» de dólares. Y es por eso que, cuando escucharon de la avioneta con droga en labios extranjeros, gritaron al unísono en su isla de fantasías: «El avión, jefe».





