Estoy plenamente convencido de que el Comité Olímpico de El Salvador (COES) necesita un profundo cambio en su comité ejecutivo. Tienen que llegar personas de bien, que nos ayuden con la transformación que está viviendo el deporte salvadoreño.
Desde mi posición como presidente de la Federación Salvadoreña de Baloncesto y miembro de la asamblea del COES, con derecho a voz y voto, he compartido información variada sobre la gestión de esta administración que, desde mi óptica antes como atleta y ahora como dirigente deportivo, no ha sido, ni por cerca, de las mejores.
Ya es del conocimiento de todos que, en 15 años de gestión con Eduardo Palomo en la presidencia, el COES ha sido una decepción y un constante fracaso en lo deportivo.
No hay apoyo a los atletas ni a las federaciones nacionales, no hay un plan estratégico, incluso no se cuenta con los colaboradores idóneos dentro del comité ejecutivo para formar un grupo de trabajo con una visión clara.
El COES no solo ha sido una organización sin resultados deportivos que en algún momento podrían trasladarse a las federaciones, sino que durante esos años se ha convertido en una entidad que protege a dirigentes corruptos.
Ahí está el ejemplo de lo que pasó con taekwondo, cuando el COES protegió a Óscar Pineda, su presidente, sancionado por el Indes por violar los mismos estatutos de la federación. También sucedió con natación, tenis de mesa, entre otros.
Y en lo deportivo, las clasificaciones a los JJ. OO. vinieron a menos en estos 15 años: 11 atletas salvadoreños estuvieron en Pekín; 10, en Londres; ocho, en Río de Janeiro, y cinco, recientemente, en Tokio.
Pero hace unos días llegó la gota que derramó el vaso al atropellar su propia asamblea general. Ojo: estamos hablando de la máxima autoridad del Comité Olímpico de El Salvador, esa misma a la que el comité ejecutivo, encabezado por Eduardo Palomo, le dio la espalda.
En julio pasado, una treintena de federaciones deportivas nacionales envió al COES una nota, debidamente sustentada en los principios olímpicos y amparada en los mismos estatutos del Comité Olímpico, para pedir que se hiciera una asamblea general extraordinaria para la elección de las nuevas autoridades de esa entidad deportiva.
Pero aquí no hubo olimpismo ni carta olímpica ni juego limpio que valiera. Todo lo que Eduardo Palomo pregona cada vez que tiene un micrófono abierto se fue por el tragante. Tampoco hubo valores ni eslogan ni principios. Nada de nada. La solicitud nunca fue contestada y mucho menos ejecutada.
En una columna anterior dijimos que el deporte salvadoreño necesitaba del COES. Necesitamos que la institución que vela por el alto rendimiento en nuestro país haga su parte, que retome sus valores de excelencia, respeto, integridad y no discriminación, para hacerles sentir a las federaciones y a los deportistas que están cubiertos por todos los flancos.
Estoy plenamente convencido de que el COES necesita un profundo cambio en su comité ejecutivo. Tienen que llegar personas de bien, que nos ayuden a la transformación que está viviendo el deporte salvadoreño.
El Indes necesita un COES aliado, no un enemigo. Por eso, desde que llegamos a esta institución, hemos buscado acabar con el divorcio vivido, por lo menos durante las tres gestiones anteriores, entre el Indes y el COES. Pero la luna de miel quizá nunca existió, porque comprobamos que el COES no trabaja con base en una planificación, y que, de remate, en busca de votos, apoya ilegalidades.
Ahora solo queda esperar a que Eduardo termine su libro y que la asamblea del COES determine qué tipo de cambio quiere para la gran familia deportiva.






