Uno de los fenómenos que trajo consigo la desarticulación de las pandillas, gracias al éxito de las políticas de seguridad del presidente Nayib Bukele, es que hubo un fomento del comercio y del turismo. Es decir, tuvo un efecto positivo en la economía.
Pero eso no siempre fue percibido de la misma manera. El presidente contó que cuando estaba preparando la estrategia del Plan Control Territorial hubo asesores económicos que le instaron a ejecutarlo de manera gradual. Poco a poco porque, si no, iba a provocar un descalabro económico generalizado.
Y el argumento era que todos los ingresos que tenían los mareros iban a desaparecer. Es decir, el dinero de las extorsiones, la venta de drogas y armas y los robos iba a parar de golpe. Y si bien era dinero mal habido, lo cierto es que se destinaba para objetivos lícitos: compras en supermercados y comercios formales, contratación de servicios y muchas otras cosas más que sí eran parte de la economía formal.
En otras palabras: se detenía un flujo importante de efectivo en la economía. ¿Cuál era el consejo? Desarticular a las pandillas poco a poco. ¿Cuál es el problema que el Gobierno del presidente Bukele identificó en esto? Pues que al hacerlo así iba a dar tiempo a las pandillas a recomponerse y, como efecto contrario, a fortalecer a los grupos criminales, porque cada vez que se capturara a uno de ellos otro iba a sustituirlo en la calle, de ahí que el número de mareros iba a crecer, entre los que estaban en prisión y los nuevos reclutas.
La solución del presidente fue integral: capturarlos a todos y sacarlos de la sociedad. Sí, el gran éxito del Plan Control Territorial es que tuvo las herramientas necesarias (reformas y el vigente régimen de excepción) para sacar de las calles a los pandilleros.
Y la economía respondió muy bien. El crecimiento económico ha sido constante y ahora es el Fondo Monetario Internacional (FMI) el que lo avala.
Eso sí, el Gobierno no solo se dedicó a detener y encarcelar pandilleros, también ha trabajado para fomentar el desarrollo económico a través de la promoción del turismo y de crear más condiciones que propicien la inversión.
En lugar de caer el 10 % del PIB como se había calculado por desarticular la economía criminal de las pandillas, la economía salvadoreña está creciendo. Y fue superior al 4 % en 2025. Y esto es solo el principio.






