En Estados Unidos viven millones de salvadoreños, cada uno con deseos de cumplir su sueño americano y de luchar por mejorar las condiciones de vida de sus familias que se quedaron a miles de kilómetros.
Uno de esos salvadoreños, quien desde muy joven vio en Estados Unidos una de las alternativas de mejorar su vida y la de su familia, fue Salvador Gómez Góchez, quien en 1980 decidió partir de forma irregular. La situación de guerra civil que vivía El Salvador en ese momento y las pocas oportunidades de desarrollo para los jóvenes obligaron a aquel estudiante universitario de último año de ingeniería a migrar.
Junto con tres miembros de su familia, Salvador partió por tierra, exponiéndose a los peligros de todo migrante. Su travesía duró 24 días.
El joven ahuachapaneco encontró trabajo en un parqueo a los pocos días de su llegada a Los Ángeles. Salvador también comenzó a buscar incorporarse a los movimientos de lucha en pro de los migrantes.
En Estados Unidos existía el Movimiento de Solidaridad para parar la guerra en El Salvador, también la Fraternidad Salvadoreña, que buscaba apoyo de iglesias para albergar a migrantes salvadoreños que recién llegaban al país norteamericano. Gómez se incorporó a ellos.
Además, se unió al Movimiento Chicano, cuya misión era buscar la legalización de los migrantes.

En 1986, el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, aprobó una ley de legalización para los migrantes que ingresaron en 1982.
Esa ley benefició a miles de migrantes, entre ellos, a Salvador Gómez Góchez, a quien le permitió obtener su residencia en 1987, y en 1993, la ciudadanía. Esos beneficios le permitieron a Gómez entregarse de lleno a las actividades que trajeran beneficios a los migrantes salvadoreños y de otros países.
Gómez es considerado uno de los impulsores del voto salvadoreño en el exterior, y el día en que la Asamblea Legislativa de El Salvador lo aprobó fue invitado de honor en el Salón Azul. Siempre quiso que la dignidad del migrante salvadoreño fuera reconocida en Estados Unidos. Esa lucha la comenzó desde su llegada. Gómez tenía en mente que los salvadoreños tuvieran su día en Estados Unidos y fuera reconocido por las autoridades.
Con esa idea, en 1999 organizó en Los Ángeles una celebración en honor de los salvadoreños. El siguiente año, Gómez solicitó permiso a las autoridades para que cerca de 4,000 connacionales celebraran.
Fue acordado que los migrantes salvadoreños tuvieran cada 6 de agosto su día en Estados Unidos, fecha histórica porque son las fiestas patronales de San Salvador en honor del Salvador del Mundo.
Salvador no estaba conforme solo con la festividad. Consiguió que el 6 de agosto fuera registrado y legalizado por las autoridades estadounidenses.
En 2002, introdujo una moción para que el condado de California aprobara la fecha como el Día del Salvadoreño.
En esa lucha, Salvador logró apoyo de la congresista Hilda Solís. El esfuerzo tuvo sus frutos el 17 de julio de 2006, cuando la pieza HR-721 fue aprobada de forma unánime por 435 congresistas de Estados Unidos.
«Mi máximo logro es el día en que el Congreso de Estados Unidos declaró el 6 de agosto como el Día del Salvadoreño. Desde ese día comencé a vivir con dignidad en el país norteamericano», dijo. Gómez es del pensamiento que «jamás resignes tu identidad y mucho menos tu dignidad».
Desde ese día, los salvadoreños organizan diferentes actividades artísticas, sociales y religiosas para celebrar La Bajada y la Transfiguración del patrono Salvador del Mundo.
Aportes
Gómez apoyó la Ley Nacara, que en 1997 aprobó el asilo y la residencia a los cubanos, nicaragüenses y salvadoreños. Es el fundador de la Sociedad Internacional para el Mejoramiento de Atiquizaya (SIMA), de la Asociación Salvadoreña Americana Fraternidad Salvadoreña, y fue miembro de la Confederación Centroamericana.







