Empezar a emprender es un camino empedrado lleno de obstáculos y muchos «no» que dirán al momento de querer promover nuestros servicios. Nadie aseguró que el camino estaba labrado de manera que uno sabría qué hacer; a veces es una constante planicie por donde uno planta y ve sus frutos al poco tiempo y en otras es una cuesta rocosa sin un sendero claro y todo le es hostil. Para sorpresa de pocos, el camino más común para todo emprendedor es la segunda alternativa. El camino casi nunca (por no ser pesimista y decir nunca) está forjado o ya labrado para todos; uno construye el camino y el camino lo construye a uno como individuo.
Cuando comenzamos con Quantaroot recuerdo a mi madre decirme: «Una vez haces la primera, ya nada te detiene», y es cierto. Una vez hicimos nuestra primera venta, da un impulso enorme para continuar y accionar nuevas cosas. Lo malo es que no siempre el «no detenerse» significa que el segundo «sí» será de manera próxima. Al contrario, a nosotros nos costó meses conseguir el próximo cliente.
Pero ¿qué pasa si lleváramos seis, ocho, 12 meses sin generar un solo dólar de la startup? En primer lugar, hay que guardar la calma. Si bien existe un sentido de urgencia por pagar planillas, impuestos, cuentas por pagar…, lo cierto es que sufrimos más por nuestra angustia que por la realidad en sí misma, como decía Séneca. En los negocios se debe tener una perspectiva acuciosa, pero racional sobre la situación. Como tomadores de decisiones, si es una junta directiva o representante legal, se debe elaborar un plan de cómo actuar ante lo urgente (el día a día) y lo importante (estrategias de crecimiento, expansión).
En segundo lugar, se hace de manera interna un «análisis de la situación». En síntesis, es evaluar como operadores y administradores de negocio lo siguiente: ¿dónde estamos?, ¿hacia dónde vamos?, ¿cómo vamos a ir de A hacia B?, ¿para qué vamos a ir a B? Esta última pregunta surge de la necesidad de comprender si lo que el mercado necesita tiene congruencia con mi tesis de negocio. No va a vender zapatos deportivos de alta gama a un mercado de poder adquisitivo bajo. Se puede abordar desde distintas perspectivas el problema: se podría dirigir a zonas donde estén canchas o zonas deportivas cerca para generar presencia, reestructurar el modelo de captar dinero, evaluar si vender un par de zapatos de la marca A en una zona es igual que vender cinco de la marca B en la misma zona. Lo que consta es que: cuota de mercado hay que ganar, pero el pastel es suficientemente abundante para compartir.
Tercero, y más importante: seguir nuestro instinto y fe. Si uno puede racionalizar un pensamiento, no significa que sea cierto; pero al sentir que «es así», entonces sí es verdadero. No buscamos incentivar a solamente guiarse por un instinto sin accionables racionales o lógicos. Al ser este mundo tan volátil podría especular uno con las posibilidades a realizar, pero en función de haber estudiado el mercado, analizando la situación de la empresa, anotando las oportunidades de negocio y determinando plazos; es momento de que la fe y el plan maestro jueguen una sinergia crucial. El plan se puede recalibrar en función de las expectativas, pero la fe o instinto dan aliento a continuar adelante a pesar del planteamiento.
No siempre podremos saltar los obstáculos, pero tal vez sí bordearlos o atravesarlos. No todo es cuestión de cómo es el problema o el obstáculo, o la situación a afrontar, sino más bien de perspectiva de cómo abordar la situación.
Para reflexión del lector, ya que es costumbre en estas columnas hacerlo, planteamos la inquietud: sabiendo qué efectuar y cómo efectuar, ¿cómo su perspectiva de la situación hará que afronte este obstáculo para llegar a la siguiente fase del negocio?






