Se ha escuchado decir que cuando parece todo perdido es cuando uno es capaz de darse cuenta de todo lo que puede afrontarse. Ciertamente no se trata de plasmar acá ideales poco realistas; al contrario, se empuja al lector a que comprenda que el ser humano es capaz de más y más, en la medida que acepta su realidad y comienza desde ahí a construir una nueva historia.
El maestro Eckhart Tolle suele decir: «La causa primera de la infelicidad nunca es la situación, sino tus pensamientos sobre ella». Es más común de lo que imaginamos el que el pensar sobre lo que se vive afecta más que la propia realidad de la circunstancia.
Hay situaciones realmente complejas en la vida, difíciles, amargas, por el tipo de sociedad injusta en que vivimos; empero, si bien es cierto que se está viviendo en sociedades injustas, bárbaras, competitivas, despiadadas, etcétera, también es cierto que el arquetipo colectivo que manejamos de la misma sociedad y sus símbolos crea mayor incomprensión y, por qué no decirlo, mayor desilusión. De ahí que es necesario comprender ónticamente cómo la mente juega un papel preponderante en este infierno, o en el cielo que se puede lograr en la vida.
Ya lo expresó el maestro Anthony de Mello: «No es caer lo que te hace hundirte, es permanecer ahí». Permanecer en el dolor o en la desilusión sin antes levantarse y saberse vencedor aún en la supuesta derrota, pues quien continuamente se levanta y camina ya es vencedor.
Sé que muchos han sufrido situaciones que nadie debería sufrir, yo mismo podría contarles los grandes sufrimientos que he tenido en esta vida, y tengo, pero es mejor ofrecer lo que en lo personal me ha permitido seguir erguido, luchando, riendo, amando, sirviendo, creando, construyendo, a pesar del dolor y la desilusión.
Tan cierto es el proverbio antiguo hindú con el que comencé: cuando la noche es más oscura brillan con mayor intensidad las estrellas. Siempre habrá estrellas (personas, situaciones, emociones, creencias) que darán su luz para que no nos perdamos en la oscuridad.
Constantemente vemos a las personas y las circunstancias no como son, sino como creemos que son, siempre hay una interpretación de las cosas y las personas, y es eso precisamente lo que viene haciendo tanto daño al crecimiento del ser humano. Las cosas se han de tomar y observar tal cual son, sin interpretación; solo en su pureza el fenómeno adquiere un valor indiscutible en la vida de quien lo observa y aprecia.
Todo lo dicho puede resumirse en esta pequeña metáfora: una persona buscando a Dios en todos los lugares santos de peregrinación, pero lo ha perdido en su interior; es un absurdo quererlo buscar en el exterior, cuando está en lo más profundo del ser. Lo mismo pasa con la interpretación de los fenómenos o las circunstancias; las cosas son lo que son, aceptarlo es el inicio de la fundación.
Lastimosamente el ser humano moderno quiere las cosas para ya, sin esfuerzo, así como quiere a las personas solo en su estado cool y no en su realidad. Esto lo describe mejor el gran maestro Friedrich Nietzsche: «No hay hermosas superficies sin terribles profundidades». Comprender lo que es cada fenómeno y saberse capaz de superarlo es la mejor forma de hacer brillar las estrellas en la oscuridad.
Por ello se debe reconocer que la vida siempre se ata a un ideal, y se debe ser respetuoso con ese ideal, pues si el ideal se mantiene, aunque vengan tempestades y profundas oscuridades, siempre brillarán las estrellas.
Por tanto, aunque estemos pasando la noche oscura del alma, mientras mantengamos la mirada puesta en el firmamento veremos estrellas brillar con mayor intensidad, y con ello sabremos siempre adónde ir, qué hacer y cómo vivir.




