El pasado 19 de septiembre tuve el privilegio de asistir, de manera virtual, e invitar a mis alumnos de la asignatura Introducción a la Justicia Penal, de la Universidad Francisco Gavidia, a una conferencia dictada desde Roma por el profesor Luigi Ferrajoli, titulada “Constitución de la Tierra”, organizada por la Asociación de Jueces por la Democracia de Honduras. En esta se me permitió formularle, de manera directa al ilustre profesor, una pregunta relacionada justamente sobre el futuro de la gobernanza global, originada entre otras cosas de su posición sobre la corresponsabilidad de las empresas fabricantes de armas en las guerras que se libran en el mundo, y la falta de capacidad y respuesta rápida de parte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para hacer cumplir sus decisiones.
Escuchar a Luigi Ferrajoli emitir juicios de valor sobre el incipiente papel jugado por un organismo como Naciones Unidas, y advertir en estos su inconformidad sobre el citado papel, es digno de reflexión. Quienes nos dedicamos al Derecho Penal y hemos conocido obras como «Derecho y razón: Teoría del garantismo penal», «El paradigma garantista», o «Dos modelos de constitucionalismo. Una conversación», con Juan Ruiz Manero, entre otras, vemos a un Ferrajoli preocupado muy seriamente por el futuro y destino de la humanidad.
De hecho, no se debe olvidar que cada autor escribe pensando en una realidad que indudablemente es la que le rodea, la que tiene cerca y que no se debe intentar transpolar acríticamente sus ideas a nuestro medio. Sin embargo, es inevitable hacer uso del derecho comparado, y no solo eso, comparar el comportamiento de algunos gobiernos durante la pandemia de la COVID-19.
Las ideas de Ferrajoli, desarrolladas en su obra «Por una constitución de la Tierra. La humanidad en la encrucijada», son una advertencia desarrollada por uno de los intelectuales de más prestigio en el mundo, y esta no debe pasar desapercibida, después de los últimos acontecimientos a los que ha asistido la humanidad entera, suscitados en la última Asamblea General de la ONU, a la cual el presidente de la república de El Salvador no asistió, expresando lo siguiente: “Esta vez me salté la Asamblea General de Naciones Unidas, me pareció inútil este año. Pero siempre puedes ver el discurso del año pasado, si quieres perder el tiempo como yo lo hice”.
Gracias al avance de las tecnologías de la información y la comunicación, se han podido ver los comportamientos suscitados en la comentada Asamblea General: desplantes, activismo político, aparentes sabotajes, por mencionar solo algunos. En fin, pareciera ser que es bien sustentada la idea de que el organismo internacional es pérdida de tiempo y que no siempre ha sido efectivo.
En tal sentido, se requiere una revisión de la actual ONU, tomarle la palabra a Ferrajoli y apostar por una nueva organización pensada a la luz de los actuales tiempos, y concluir que el actual organismo no ha cumplido con los fines propuestos y probablemente ha cumplido muy pocos.





