El poder político tiene sentido, se determina, se afirma y confirma a sí mismo, y se conjuga con sus consecuencias, y su ejercicio tiene estilos y formas de ejercerlo, logrando su propia experiencia, haciendo uso de las categorías, conceptos y definiciones políticas. Hay momentos en que no se le encuentra sentido, la razón es porque hay diversas y variadas interpretaciones de la manera en que se ejerce el poder.
El maestro del poder sabe que el poder no tiene cabeza visible; la ambigüedad del mismo y las tramas se van construyendo a medida que se va consolidando el poder, haciendo uso de la información, puesto que sabe que siempre hay alguien que debe algo y que la información es más valiosa que la emoción; por tanto, toda conversación tiene algo importante y los detalles —en algunos casos— pueden servir de pistas para investigar hechos y sucesos relevantes que sirven de insumo para la toma de decisiones.
Por otra parte, no hay que entrar en polémica con el poder, sino negociar con él, puesto que el adversario se encuentra en una posición política endeble, porque así se miden y son medidos.
Cuando se trata de explicar el poder hay que precisar qué es lo que queremos explicar, tomando en cuenta que en cada asunto político y de gobierno hay diversas y variadas interpretaciones, las cuales se explican a través de las transformaciones del poder. En esa línea de pensamiento es indispensable identificar dónde se encuentra el núcleo del poder, aplicando las reglas no escritas del poder y los procedimientos propios para lograr el objetivo deseado.
Fieles a las claves del poder, la explicación del poder es un proceso interpretativo para establecer la dinámica y el funcionamiento del poder, y de manera específica y relevante la salida política a los factores de los asuntos de Estado, desvaneciendo la incertidumbre con decisión y firmeza, haciendo uso del cálculo político y examinando las hipótesis de amenaza al control político.
El pensamiento político del gobernante debe estar sustentado en criterios para elaborar estrategias y tácticas para transformar todas las incógnitas que se presentan en la administración del Gobierno; de tal manera, mantener el orden político es una realidad que induce a percibir la lógica del poder directo. Los indicadores políticos suministran gran información acerca del funcionamiento del poder, el cual es amplio, se mueve de extremo a extremo en la manera de cómo se explica el poder mismo.
El jefe de Estado, atento a las claves del poder, aplica el principio político «pensar con cabeza propia», es decir, con cabeza política, que es la habilidad para combinar los distintos aspectos, principios y categorías del poder desde la práctica de las medidas de gobierno y la gestación de una nueva manera de ejercicio del poder. Encauzado en la explicación del poder se determina que hay una nueva toma de conciencia de la realidad, específicamente en la actividad política, que se desarrolla desde la cúspide del poder, con la finalidad de construir un nuevo Estado, sobre nuevas bases que contienen la construcción de un proyecto político nacional estratégico de transformación.
Aun cuando la política no es exacta, el gobernar es prever y calcular en el espacio donde se tejen una serie de conjeturas que explican el porqué y para qué de las decisiones, puesto que inciden directamente en la gobernabilidad del país; en consecuencia, la formación del poder no puede hacerse a través de los sentidos, puesto que el poder no se puede ver ni tampoco tocar, solo se ejerce, y en esa dinámica las relaciones de poder cambian, en tanto que el poder es complejo, pero hay que percibirlo de forma dialéctica. La política no se encarga de lo que es justo, sino de lo que es útil.





