La Asamblea Legislativa aprobó ayer mantener la vigencia de la lucha contra las pandillas a través de la prórroga del régimen de excepción.
Esta normativa permite agilizar procesos y garantizar las investigaciones cuando las autoridades de seguridad pública capturan a integrantes o colaboradores de las maras.
El régimen de excepción ha demostrado su eficacia como herramienta para conquistar la verdadera paz en El Salvador.
Gracias a él, el Gobierno del presidente Nayib Bukele logró la desarticulación de las estructuras terroristas que habían sumido en la miseria, luto y zozobra a toda la nación.
Los aliados tradicionales de las maras se han opuesto desde el principio a la entrada en vigor del régimen de excepción. Y ayer no fue la excepción.
Mientras los legisladores responsables se disponían a votar para mantener activa la guerra contra las pandillas, los diputados aliados de los delincuentes prefirieron retirarse antes de votar en contra de ellos.
El lobby internacional de la oposición propagandiza que El Salvador es una dictadura en la que no se respetan los derechos humanos, bajo el pobre argumento que la vigencia del régimen de excepción restringe todas las libertades en el país.
La verdad es que todos sabemos que nunca los salvadoreños hemos tenido tanta libertad como ahora. Gracias a la desarticulación de las pandillas, circular por cualquier parte del territorio nacional es una realidad. Ya no existe el temor de ser atacado por criminales o de sufrir un violento asalto o perder la vida.
El derecho a la vida, el pilar de los derechos humanos, fue violentado sistemáticamente por las pandillas ante la pasiva complicidad de las administraciones de ARENA y del FMLN. Y, no contentos con eso, pactaron treguas, beneficios y negociaron votos.
Hasta llegaron a ofrecer puestos en el Gobierno y desviaron fondos de la cooperación internacional para instalar negocios fachada en los «municipios santuario», otra perversión que fue avalada por organismos internacionales.
El presidente Bukele le devolvió la dignidad a los salvadoreños, después de décadas de postración ante los criminales.
El régimen de excepción ha sido parte fundamental en la estrategia de seguridad. Oponerse a la principal herramienta para combatir a las maras es la más clara prueba de estar en contra del pueblo salvadoreño. Y este rechazo a mantener la guerra contra las pandillas es una prueba que los opositores han ratificado mes a mes, 40 veces, demostrando con total claridad hacia quiénes está su lealtad.





