Muchos inversionistas se siguen enfocando en activos tradicionales, como la renta fija y la renta variable. El problema es que la renta fija es estructuralmente poco atractiva. Vivimos en un entorno de muy bajo rendimiento. Todavía hay cerca de $13 billones de bonos con rendimiento negativo, y alrededor del 10 % del mercado global de bonos ofrece un rendimiento por encima del 3 %. Es decir, si un inversionista requiere un rendimiento por encima del 3 %, se tendría que enfocar en el segmento de la renta fija de más riesgo. Aun así, hasta en estas áreas de riesgo más alto los diferenciales de crédito son muy estrechos. Esto significa que los inversionistas que compran bonos de baja calificación o bonos subordinados y asumen más riesgo no son compensados adecuadamente. Por ejemplo, los bonos corporativos «high yield» en EE. UU. solo tienen un rendimiento de 3.7 % actualmente, en promedio.
El fenómeno de retornos bajos se debe principalmente a una política monetaria muy expansiva. Además, la impresión masiva de dinero de los bancos centrales mundiales ha sido posible gracias a la ausencia de presiones inflacionarias, un crecimiento económico relativamente bajo con diferentes crisis, avances tecnológicos, factores demográficos, entre otros.
En la actualidad, puede ser tentador asumir más riesgo en un entorno de recuperación económica. ¿Por qué no aumentar la exposición a acciones de 40 % a 60 %? ¿Por qué no pasar de un portafolio 40/60 a 60/40? A muy largo plazo, la renta variable ha dado un retorno anual de cerca de 7 %, que es bastante atractivo comparado con la renta fija. El problema es obviamente la alta volatilidad con una desviación estándar anual de 20 %. Siempre existe el riesgo de invertir en un momento inadecuado —también conocido como mal «timing»— y a veces puede llevar años para recuperar una pérdida.
Asimismo, las perspectivas dependen del éxito de los esfuerzos de la vacunación, de la resistencia de nuevas mutaciones del SARS-CoV-2, de riesgos políticos, de la inflación y, sobre todo, de las incertidumbres. No tenemos una bola de cristal. Lo más razonable es no caer en la tentación de cambiar la política de inversión completamente, sino más bien hacer cambios tácticos menores; es decir, tal vez moverse de 40/60 a 45/55.
Sin embargo, para un inversionista de este perfil conservador podría parecer poco atractivo mantener el 55 % en la renta fija. Además del problema de los rendimientos bajos y diferenciales de crédito estrechos está el desafío del empinamiento de la curva. ¿Qué significa eso? Mientras las tasas de interés de corto plazo se mantienen bajas, los rendimientos de los bonos a largo plazo han empezado a aumentar. Por ejemplo, el rendimiento del tesoro americano a 20 años subió de niveles inferiores a 1 % el año pasado a por encima de 2 % actualmente, lo que significa que los inversionistas que compraron el bono el año pasado podrían haber perdido cerca del 20 % —que representa el efecto de la duración—. De hecho, tasas bajas y en aumento conforman el peor entorno para los inversionistas de renta fija, y esta tendencia podría estar apenas empezando.
Por lo tanto, los inversionistas deberían buscar alternativas reales de renta fija, que ofrecen mayores retornos pero con el menor riesgo posible. Creemos que la alternativa real se encuentra en la deuda privada.
La deuda privada es una clase de activos nueva y, por lo tanto, aún no completamente entendida. Se refiere a préstamos de fondos privados que no sean bancos, cooperativas de crédito o entidades gubernamentales. Hay muchas áreas de deuda privada, pero típicamente los préstamos son «senior» y garantizados por propiedades u otros activos reales. Esto significa que, en caso de incumplimiento, el prestamista puede tomar posesión de la garantía y venderla. Esto explica por qué la estrategia de «senior secured direct lending» tiene tasas de pérdida anual muy inferiores comparadas con préstamos bancarios preferentes o bonos «high yield» (véase la gráfica).
En conclusión, la deuda privada, y específicamente la estrategia de «senior secured direct lending», ofrece retornos atractivos con pocos riesgos para inversionistas que están dispuestos a sacrificar, hasta cierto punto, la liquidez en su portafolio de inversión y así lograr mejores rendimientos ajustados por riesgo.







