La última casa de San Óscar Romero está ubicada en la colonia Miramonte, de San Salvador, en donde aún se conservan los objetos personales del mártir tal como él los dejó aquel 24 de marzo de 1980, el día que fue asesinado mientras ofrecía una misa en la capilla martirial San Óscar Arnulfo Romero, que en esa época se llamaba capilla del Hospital Divina Providencia. Él vivió ahí durante tres años.
Actualmente, la casa de Romero conserva su cama, la máquina de escribir, sillas y utensilios personales; también tiene una serie de fotos sobre la vida pastoral del santo. En la sala de visitas se exponen las reliquias de la ropa con la que fue asesinado, así como sus tarjetas de identificación, licencia de conducir, llaves y objetos personales.

De igual forma, en las instalaciones está el vehículo de Romero tal y como lo dejó hace 43 años; y en las paredes de la vivienda han pintado murales que retratan al santo en momentos representativos de su vida.

De acuerdo con la hermana Rubí Lemus, de la congregación carmelitas misioneras Santa Teresa, «la casa es tierra sagrada», y a diario reciben feligreses, estudiantes y visitantes nacionales y de países norteamericanos, europeos, africanos, entre otros.
Para ella es importante que las nuevas generaciones conozcan la palabra y obra de Romero para que apliquen el amor por el prójimo en el día a día, el cual fue su principal mensaje. «Es importante conocer la memoria de Romero porque nos fortalecela identidad y es el único santo salvadoreño. Su vida, palabra y entrega a los demás es el legado que nos dejó, y los niños y jóvenes deben conocer ese mensaje de amor al prójimo, su vida, que nos encamina en una humanidad y santidad», explicó Lemus.
Luis Salmán es uno de los feligreses que acudieron ayer a la casa de Romero para donar unas fotografías inéditas del santo cuando fue ordenado obispo de la Iglesia católica en 1970. Él explicó que también visita la capilla para agradecer al santo por la protección al pueblo salvadoreño.
«Hago esta donación en agradecimiento porque él nos ha cuidado por años. Es una ofrenda para monseñor Romero. Yo pude estar en la ceremonia de beatificación en el Salvador del Mundo y fue increíble porque cuando se dijo que monseñor estaba en el libro de los beatos se formó un halo solar en el cielo. Eran multitudes de personas que asistieron», relató Salmán.







