A menudo nos encontramos diciendo que somos o que deseamos ser personas espontáneas, creativas e innovadoras. Sin embargo, al poco tiempo nos descubrimos cayendo en la repetición: haciendo las mismas actividades, tomando las mismas decisiones, comiendo los mismos alimentos y caminando por los mismos caminos. Este comportamiento, aunque pueda parecer contradictorio con nuestros deseos de cambio, es más común de lo que pensamos.
Las neurociencias han mostrado que el ser humano es mucho más rutinario de lo que cree, y esto se debe a un mecanismo natural que tiene como objetivo ahorrar energía. Nuestro cerebro, para optimizar el uso de recursos, tiende a llevarnos por las mismas rutas una y otra vez, basándose en las experiencias previas, de modo que se reduce el gasto de energía innecesaria.
Este comportamiento repetitivo nos coloca, con frecuencia, en lo que se conoce como la «zona de confort». Muchas veces no somos plenamente conscientes de ello, ya que esta zona se disfraza bajo la apariencia de la rutina diaria, de hábitos establecidos o de acciones que parecen lógicas y naturales. Pero, como bien dice el refrán, «locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes». Este concepto puede parecer que nos refleja a muchos de nosotros: tenemos una tendencia natural a repetir patrones sin cuestionarlos, esperando cambios sin estar dispuestos a salir de la zona de confort.
Es en este contexto que debemos hablar de liderazgo. Un líder es alguien que, a diferencia de quienes permanecen en la comodidad de la rutina, busca constantemente mejorar, aprender y evolucionar. Los líderes son conscientes de la importancia de alcanzar resultados y de la necesidad de generar cambios significativos. Sin embargo, al igual que cualquier otra persona, también se enfrentan a las tentaciones de la comodidad y la repetición. En este sentido, un líder debe aprender a salir de la zona de confort, algo que, aunque parece sencillo en teoría, en la práctica es un reto considerable. Decidir tomar un camino diferente, actuar de manera innovadora y buscar nuevas soluciones requiere un esfuerzo adicional, un gasto de energía que muchas veces nos hace dudar.
Este gasto extra de energía es el principal obstáculo que frena muchas veces nuestras intenciones de hacer las cosas de manera diferente. El cerebro humano, al estar diseñado para minimizar el esfuerzo, prefiere seguir patrones establecidos, y por eso salir de la rutina se convierte en una tarea que, en ocasiones, se siente como un costo demasiado alto. Sin embargo, un líder toma la decisión consciente de actuar, incluso cuando sabe que esto implicará esfuerzo, incertidumbre y riesgo. La posibilidad de cometer errores o de no obtener los resultados esperados no es un impedimento; por el contrario, es parte del proceso de aprendizaje y crecimiento. En este sentido, el liderazgo no solo consiste en tomar decisiones, sino en ser capaz de actuar con determinación, aun cuando la incertidumbre esté presente.
Para cambiar los paradigmas, para innovar, se necesita liderazgo. Un líder, además de tener visión, debe tener la energía y la voluntad de actuar fuera de los esquemas tradicionales. Esto implica hacer cosas diferentes, pensar más allá de lo convencional y desafiar las normas establecidas. No solo eso, un líder debe ser capaz de resistir la oposición que inevitablemente encontrará en su camino. La opinión de quienes lo rodean, muchas veces, será contraria a sus acciones, pues aquellos que no tienen la energía o el impulso del líder no podrán comprender su necesidad de cambio. Las personas rutinarias, con una visión limitada, encontrarán difícil aceptar la posibilidad de hacer algo nuevo, ya que su mente está acostumbrada a los patrones y esquemas establecidos.
En El Salvador, bajo el liderazgo del presidente Nayib Bukele, hemos sido testigos de cómo un líder puede pensar de manera diferente y transformar la realidad. Tomó decisiones audaces, como reducir los índices de violencia, convertir al país en un referente en seguridad, llevar la tecnología a los hogares de cada menor que pertenece a un centro escolar, promover a El Salvador como un destino turístico, renovar el Centro Histórico de San Salvador e incluso ser sede de eventos internacionales como Miss Universo. Estas son acciones que, para muchos, parecían imposibles o incluso descabelladas, pero que se han materializado gracias a la visión y la energía de un líder que se atrevió a pensar diferente.
Cada vez que sienta la tentación de retroceder al momento de emprender algo nuevo recuerde que, si es un líder, su deber es seguir adelante. En esos momentos de duda, cuando las voces externas e internas le digan que no lo intente, el verdadero líder deberá seguir su camino, a pesar de la incertidumbre, a pesar del miedo al fracaso. Recuerde que quien no arriesga nunca gana, y que solo quien no hace nada no se equivoca. La mayoría de las personas ni siquiera lo intentarán, y esa es una excelente oportunidad para avanzar, para demostrar su liderazgo y para dar ese paso hacia lo nuevo.
Es importante, además, estar abiertos y ser receptivos cuando se observa el trabajo de otros líderes. Si bien es natural que uno se sienta intimidado ante proyectos grandes o innovadores, no podemos permitir que nuestro cerebro nos engañe llevándonos de nuevo por el mismo camino predecible. Los líderes exitosos son aquellos que en lugar de buscar excusas buscan soluciones y encuentran un «cómo» en lugar de un «por qué no». Atrévase a pensar diferente, como lo han hecho aquellos que han logrado grandes cambios, y utilice esa energía para liderar el camino hacia nuevas oportunidades.





