La Semana Santa de 2016 nos dejó estampas de dolor inolvidables. Veintisiete homicidios, dos policías entre ellos, tan solo en el primer fin de semana de la festividad. Esto nos muestra el calvario por el que literalmente transitábamos los salvadoreños.
Todos sabemos que no había voluntad alguna por parte de los gobiernos areneros y efemelenistas para cambiar la situación. Por más de 20 años tuvimos que sortear cada período festivo con mucha precaución, con mucho miedo, con mucho dolor.
Dejamos de visitar lugares turísticos por el control que ejercían las maras y pandillas. Dejamos de asistir a las actividades religiosas por miedo a perder la vida. Nuestros hermanos en el exterior se quedaron guardados en sus hogares, lejos de nuestro terruño. Gracias a Dios, todo cambió.
Ahora estamos por ingresar a los días de más fervor religioso y la situación será, nuevamente, diferente, pues desde junio de 2019 el presidente Nayib Bukele comenzó la transformación de la nación con un firme plan de seguridad que ha dado resultados y es reconocido y anhelado a escala mundial.
A pesar de tanto ataque a las medidas de seguridad implementadas, principalmente de aquellos que sueñan con ver libres a los criminales y que las actividades delictivas se desborden, los salvadoreños honrados las respaldan y quieren que sean más duras y se extiendan por siempre. Así lo reflejan las encuestas, incluso de aquellas casas de sondeo que hacen activismo político descarado.
Los hermanos que residen en otras naciones también disfrutan regresar a su país para abrazar a sus seres queridos y explorar cada rincón de El Salvador. De la diáspora, hay personas que tenían 40 años de no poner un pie en el territorio salvadoreño. Hoy están de regreso.
Solo en 2024, casi 4 millones estuvieron de visita en nuestra nación. Y las proyecciones son de 4.2 millones para 2025.
Estamos viviendo competencias de nivel mundial, como el surf y tour de ciclismo. Situaciones positivas que no teníamos posibilidad alguna de realizarlas en años de ARENA y del FMLN.
Pero la pregunta obligada es ¿cómo pensamos pasar el período religioso ahora que vivimos en una nación segura, cuando los cabecillas de maras y pandillas están en el Cecot, cuando no tienen oportunidad alguna para dar órdenes de asesinatos, secuestros, extorsiones y robos?
¿Cómo pensamos abordar estos días de merecido descanso cuando lo que debe prevalecer es el amor a la vida? ¿A qué me refiero?
En estos últimos días hemos conocido una cantidad de accidentes de tránsito en los que, en varios de ellos, la fatalidad ha prevalecido. O sea, ya no mueren los salvadoreños en manos de grupos criminales, ¿pero sí por la irresponsabilidad de muchos al volante? No es justo.
Lo peor, por calificarlo de alguna forma, es que al que provoca un accidente muchas veces no le pasa nada. Huye. Pero deja luto y dolor en otros. ¡Cuántos hijas e hijos han quedado en orfandad por causa de siniestros viales!
Ayer, una señora murió y una niña está en situación crítica, posiblemente pierda uno de sus miembros, por la imprudencia de un sujeto que intentó huir, pero fue capturado. Más allá de eso, de que pague por su irresponsabilidad, ¿quién devuelve la vida?
Hasta el viernes pasado, 304 personas fallecieron en siniestros viales. Los lesionados sumaron 3,180. ¡Cuántos quedaron con discapacidad para seguir enfrentando la vida! Asustan las cifras, se disparan los «muertómetros» por accidentes.
Por lo visto, ni las reformas en las leyes de tránsito que endurecen las penas, ni las fotomultas y las normas cero tolerancias al alcohol detienen a muchos. ¿Qué puede hacer un Gobierno entonces cuando la gente no entiende o no quiere entender la gravedad del asunto?
Como dicen los religiosos, un bolo busca hasta un texto bíblico para fundamentar su vicio.
Muchísimos han mostrado públicamente su inconformidad con el reglamento «cero alcohol», pero ¿por qué no aplauden las vidas que han sido salvadas por las medidas gubernamentales? Qué fácil es meditar cuando a otros les pasa, pero ¿por qué esperar vivir situaciones insuperables para entender?
Las instituciones gubernamentales están redoblando esfuerzos para que los salvadoreños tengamos conciencia de la responsabilidad que representa manejar un automotor. Controles vehiculares, puntos de antidopaje, campañas de educación vial, son solo algunas acciones para resguardar vidas, muy a pesar de los improperios que algunos les lanzan.
Ellos no disfrutan de sus vacaciones para que todos nosotros las disfrutemos. Cada acción que toma el Gobierno, en materia de transporte, lo hace pensando en el cuidado de los salvadoreños, de todas las familias, de los automovilistas, de los motociclistas, de los peatones.
El Gobierno del presidente Bukele ha hecho las reformas correctas con el fin de salvar vidas.
Sin embargo, todavía persiste la cultura del que no le importa nada, y seguimos aumentando la cifra fatal.
El llamado fuerte es que respetemos nuestras propias vidas, las de nuestras familias, las de nuestros amigos y de quienes no conocemos, las del prójimo.
No es posible que seamos inconscientes, que no nos importe arrebatar la vida a otros, truncar sueños, dejar a padres sin hijos e hijos sin padres. ¿Es que ni a la cárcel se le teme ya?
Dios permita que cada uno de nosotros hagamos conciencia, ejecutemos las buenas prácticas de manejo, que respetemos la vida de todos.
Es buen momento de reflexión para escribir una historia positiva de nuestras vidas.
¿Qué historia escribirás tú?






