¿Qué necesita el ser humano para vivir profundamente? Ciertamente debe aprender a ver más allá de lo que sus sentidos captan, necesita aprender a experimentar el fenómeno de la vida en su totalidad, no en su superficialidad; ser agradecido por su vida, sea esta la que fuere. Tal como decían los antiguos maestros hebreos: «Modé ani lefanéja» («agradezco yo delante de ti»).
Lo dicho con antelación permite profundizar más en la sacralidad de la vida, y con ello el mejor camino para que sea una vida con sentido e intensa, ya que tal como decía el maestro ateniense Sócrates: «Una vida sin conciencia no merece ser vivida». Y es que es así, la vida que solo se vive por vivir ni es vida ni es sagrada, casi solo un conjunto biológico de existencia vacía.
Imagine usted la siguiente visión creada: se instaura un decreto social y jurídico, en el que todos en la vejez serán tratados según como vivieron, qué dijeron, qué sintieron, qué aprendieron y qué enseñaron; en la forma de vida actual, tan superficial e individualista que se tiene, sin duda una ley como esta sería fatal para las grandes mayorías, pues serían tratadas sin sentido ni propósito.
Aunque sea una creación o figura literaria la empleada anteriormente, no está lejos de ser una ley espiritual, algunos le llaman karma, otros, cosecha; en la filosofía se le denomina principio de causalidad; al final lo importante es que sí hay un tipo de ley existencial que determina estas circunstancias. Por ello, es importante saber observar la vida y sus signos para degustarla en totalidad.
De tal suerte que se necesita experimentar cada fenómeno de la vida desde una perspectiva de fascinación, en la que cada cosa tiene su grandeza y enseñanza y cada persona debe ser mejor después de que estuvo a tu lado. Es cierto que la vida es difícil y los distractores de este mundo aún más, sobre todo la banalidad de los movimientos woke que denigran más la vida, en vez de mejorarla.
Empero, aunque es compleja la realidad actual se necesita siempre estar atento, tal como dijo el maestro del béisbol Vernon Sanders Law: «La experiencia es una maestra dura porque primero te hace el examen y luego te da la lección». Pues bien, si así de complejo es ya experimentar la vida, aún más difícil es si se le da la espalda intelectiva y volitiva a esa experimentación a priori.
Es así como se necesita estar más atento a lo que se vive, a lo que se crea y a lo que se aprende, pues al final cada circunstancia de la vida se va acumulando para hacer dar la lección final, y esa sí es más que dura si no se ha sido consciente en la savia de la existencia humana. Al final, la historia nos ha mostrado sobradamente que el soñador puede ser apartado de esta vida, pero el sueño e ideal plasmado no.
Así pues, apreciado lector, démonos el tiempo de reflexionar sobre cómo hemos vivido y comenzado este año y procuremos hacer el tiempo para el silencio y la observación; para comprender mejor el sentido de la vida que, si bien es distinto en todos, es inaudito que sea el mismo para todos solo por la comodidad de no querer tomarse el turno para su descubrimiento y consecuente aplicación en la vida.
Por ende, es necesario cambiar de rumbo la mirada y así tener claridad en la dirección que se le quiere dar a la subsistencia, posicionando el detector espiritual hacia aquello que dé más sentido y paz al alma y soltando aquello que quita la dicha y la esperanza. Soltar cada cierto tiempo, tomar cada cierto tiempo y degustar en ese espacio y tiempo lo aprendido debe ser, ante todo, lo que llevará a esa experiencia profunda de la vida. ¡Animémonos!





