Si hay algo a lo que los conservadores le tienen miedo es al cambio. La política salvadoreña nos ha presentado como revolucionaria a gente que en realidad es una expresión de otro conservadurismo, gente que maneja un discurso de «izquierda» o de «derecha progresista», pero que lo que en verdad hizo al llegar al poder es hacer todo para que las cosas siguieran igual, para sacar provecho de manera personal del saqueo que históricamente la corrupta clase política hizo del Estado.
A la par de los políticos corruptos, sin importar cual fuera su signo ideológico o la bandera de turno, estaba un grupo que bailó al son de la canción del momento. Los dueños de buses y microbuses acapararon un inmenso poder porque transaron prebendas y respaldos a cambio de conservar el negocio.
Todo salvadoreño sabe que en ningún lugar del país el transporte público es digno, ni en los buses y microbuses (donde los hay) ni en el trato al usuario ni en el respeto de las mujeres, niños y ancianos, y mucho menos en el cumplimiento de las leyes de tránsito o en las normas más elementales de convivencia.
Una mafia se instaló en el transporte público y ha hecho desmanes sin que los gobiernos de ARENA y del FMLN hicieran algo para detenerlos, sino que, al contrario, se volvieron cómplices.
Todo esto ha cambiado y el Gobierno del presidente Nayib Bukele ha puesto a todo el Estado en función de la protección de los intereses ciudadanos, no de argollas criminales, económicas o políticas.
En medio de la crisis mundial por la pandemia y el conflicto en Ucrania, transportistas se estaban aprovechando al cobrar más de la tarifa autorizada, lo que equivale a un robo, además de adueñarse de espacios públicos, con lo que se restringe la libre movilidad.
Que a estas alturas los que antes pedían cambios ahora reclamen y se rasguen las vestiduras por la captura de un hombre que ha violado las leyes de tránsito, las concesiones estatales y los derechos humanos de ciudadanos no tiene otra explicación más que el alineamiento de toda la oposición ante los planes del Gobierno.
En el contexto actual de la crisis mundial, todos debemos estar unidos para enfrentar de mejor manera esta prueba. No es justo que unos quieran aprovecharse de la situación y empeorar los problemas.
En todo caso, el servicio de transporte no se verá interrumpido, sino que se garantiza de una forma eficiente, digna y respetuosa con la ley.






