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Las llamas de Europa

por Dagoberto Gutiérrez / Analista
19 de mayo de 2022
En DePalabra
Tiempo de lectura:5 mins read
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Lo que se llama Europa es un conjunto de países que aparecieron y viven muy pendientes de su origen, pues se consideran expresión y herencia de lo mejor que viene de la antigua cultura griega. Europa siempre se consideró el rostro y la voz, el olor y el sabor de lo que se llama Occidente, es decir, la civilización, que, arrancando en Atenas, expresa lo más alto de la ciencia, la filosofía y todo el saber humano.

Este conjunto de ideas determinó que estos países nacieran muy pendientes de lo que ellos consideraban un peligroso, ignorante y atrasado mundo oriental. Sus más ilustres pensadores se encargaron de mostrar la superioridad de Occidente sobre Oriente. Fue ese Occidente el que cayó como bandada de buitres sedientos sobre nuestras tierras, en 1492. Ese mismo Occidente ensangrentó y robó las tierras africanas y también hizo del pillaje su sello característico en Asia. Fue Inglaterra la que impuso a China el comercio del opio, y todo el planeta supo, de esa manera, que lo que se llama Occidente ha sido siempre signos de amenaza y peligro, aunque se presenten sus personeros como «la civilización, el desarrollo o el progreso».

Ese mundo occidental entendió siempre que países como Rusia eran amenazantes, pero que no podían ser alcanzados ni derrotados, aunque algunos de ellos, sus más altos representantes, como Napoleón Bonaparte y Adolfo Hitler, intentaron, en diferentes épocas y circunstancias, someter a Rusia.

Europa presenció con estupor las victorias sobre Occidente, pero luego de la Segunda Guerra Mundial, estos países europeos se convirtieron en una especie de colonias ilustradas de Estados Unidos, y pasaron a compartir la política imperial estadounidense, haciéndose parte de la alianza militar occidental más grande de toda su historia. La OTAN significó para esa Europa el puño de hierro que necesitaba para someter a la Unión Soviética y después a Rusia.

Al derrumbarse la URSS y establecerse el capitalismo prácticamente como único modelo planetario, tanto Rusia como China fueron ubicados como las más gigantescas maquilas a las que Occidente podía aspirar. Así, el capitalismo globalizado y globalizante podía controlar todo el planeta. Sin embargo, ese momento de mayor poder y esplendor se transformó en la peor pesadilla para este capitalismo que era aparentemente el dueño del mundo.

La moneda de referencia de todos los países era el dólar y garantizando esto, los ejércitos estadounidenses, sus bases militares, sus armas, pasaron a controlar los mares, las tierras, los aires y los espacios del planeta. Este fue el requisito civilizatorio para que los recursos de todos los países garantizaran el más alto nivel de vida de la sociedad estadounidense. Sin embargo, algo se quebró en este mundo de cuentos de hadas. Tanto Rusia como China dejaron de ser maquilas occidentales, construyeron su poderío económico, sus fuerzas militares independientes de occidente, y así, en un proceso contradictorio y sorprendente para Europa y Estados Unidos, China y Rusia se transformaron en grandes centros productores de los más finos artificios del capitalismo, y Estados Unidos y Europa se transformaron en los mercados de las diversas mercancías provenientes del Oriente. Europa pasó a depender de la energía rusa y el mundo parecía cabeza abajo para las potencias occidentales.

En Estados Unidos se constituyeron, inevitablemente, dos grandes bloques capitalistas:
Uno, globalizante, dedicado al capitalismo financiero y no productivo, constituido por grupos de grandes bancos estadounidenses, ingleses y alemanes, entre ellos, el HSBC, el Barclay, Citigroup, Goldman Sach, Santander, JPMorgan, Morgan Stanley, Lloyds, Rothschild. Estos plantean la necesidad de un Estado y un gobierno global, que sustituya a los Estados y las naciones actuales, que convierta a los países en simples maquilas en un proceso dirigido por un gobierno planetario integrado por las mayores empresas capitalistas. Este bloque niega el papel de los mismos Estados Unidos como ente rector del capitalismo.

El otro bloque, que se puede llamar multinacional, también propicia el papel del capital financiero, reconoce a Estados Unidos como ente rector, pero niega la globalización, y plantea la necesidad de nuevos acuerdos comerciales y económicos. En este bloque está el Pentágono, el consorcio militar industrial y el Partido Republicano; en tanto que el Partido Demócrata está alineado con los globalizantes. Esta realidad significa que Estados Unidos es un imperio con grietas profundas y que el capitalismo atraviesa uno de sus momentos más peligrosos e inestables.

Frente a esta situación, y como una alternativa, aparecen los Brics (Brasil, Rusia, India China y Sudáfrica), que proponen un banco de fomento y desarrollo, un fondo de reservas monetarias, un sistema de compensación de intercambios, comercio en moneda propia, bloques regionales continentales, en fin, lo que constituye un globalismo multipolar productivo. Con la propuesta Brics se tiene claro que el mundo se mueve hoy entre una propuesta de unipolaridad, con una sola moneda de reserva, el dólar, que sostiene al imperio estadounidense, y otra propuesta, multipolar, que plantea un capitalismo productivo y no financiero, como el de Occidente.

Se trata, como podemos ver, de una confrontación que pone en el centro la moneda estadounidense, la que debe ser sustituida. En tanto, los Brics, que comprenden la inmensa mayoría de la población humana en el planeta, el mayor mercado planetario, proponen varias monedas sin que haya un poder omnímodo dirigiendo el comercio, como pretende serlo Estados Unidos.

Llamemos Eurasia al bloque compuesto por la alianza estratégica geopolítica entre Rusia y China y que comprende también a India, Irán y poderosos países de Asia. Los primeros con fuerte presencia en África y en Latinoamérica, y ocupan espacios geopolíticos que anteriormente eran copados por Estados Unidos o Europa.

Occidente, Estados Unidos y Europa Occidental, hasta ahora, se ha mostrado incapaz de competir con el bloque euroasiático en los términos de los que Occidente ha venido hablando durante décadas y hasta siglos, como el libre mercado, la libre competencia, la libertad de expresión; por el contrario, en la actual coyuntura planetaria, Occidente ha renunciado a todo su discurso filosófico.

Al estallar la confrontación entre Eurasia y Occidente, en Ucrania, aparece al descubierto todo el aparataje planetario que Occidente ha usado para encubrir sus políticas. Por eso, organismos internacionales como la ONU, organismos deportivos como el Comité Olímpico, centros empresariales como la FIFA, aparatos internacionales de prensa aparecen como lo que siempre han sido: apéndices de la política internacional del imperio estadounidense. Ya no queda nada en pie que pueda aparecer o parecer como organismo independiente. Todo aparece lanzado contra Rusia.

El mundo ha entrado en el territorio de una guerra que tiene, eso sí, varias trincheras. Una de ella es la económica, que se está librando en todo el mundo. La otra es ideológica, la otra es psicológica y la otra es militar. Aunque esta última, la más resonante, encuentra a Occidente en desventajas estratégicas, aunque para el mundo, sobre todo el mundo al que pertenece nuestro país, cualquiera de estas trincheras en esta guerra en pleno desarrollo tendrá efectos graves.

Por eso, además de darles seguimiento a los acontecimientos actuales, cualquier gobierno inteligente y sensible debería estar preparando las condiciones para evitar cualquier colapso.

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Dagoberto Gutiérrez / Analista

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