El Salvador se encuentra ante el avance de la profundización de la democracia y el respeto de los derechos humanos, el desarrollo social y el crecimiento económico que beneficia a la población salvadoreña, situación que es mesurada cuantitativamente con los resultados de las frecuentes encuestas de opinión pública de agencias o instituciones nacionales y extranjeras; asimismo, los avances y éxitos del Gobierno salvadoreño cuentan con el reconocimiento regional e internacional, que ha llegado incluso a convertirse el modelo Bukele en paradigma internacional y el Bukelismo en ideología.
A los opositores políticos se les hace difícil lograr su objetivo de regresar al pasado a través de campañas de desprestigio, inventar noticias falsas, minimizar los éxitos del Gobierno salvadoreño, porque la inmensa ciudadanía que es beneficiada y favorecida sabe perfectamente muy bien que es todo lo contrario, y en lugar de obtener respaldo los opositores se ganan el rechazo de la población o, mejor dicho, el repudio popular por mentirosos y charlatanes.
Los irrelevantes opositores políticos salvadoreños y extranjeros, en su desesperación por los fracasos continuos, de los ataques contra el presidente, acuden agobiados por su angustia a la utilización de recursos de miseria humana; por ejemplo, criticar la vestimenta del presidente Nayib Bukele por su estilo moderno y juvenil y por el uso de gorra blanca de béisbol (cachucha), llegando al extremo de considerarla como una «característica central de liderazgo populista», y en el segundo período presidencial por su vestimenta formal que hacía referencia a la historia salvadoreña y al patriotismo nacional.
Continuando con la miseria humana de los opositores políticos, critican el hecho de que el presidente Bukele no sea pobre o miserable, lo consideran confrontativo por el hecho de atacar al crimen organizado y a la corrupción; además, critican que Nayib utilice las redes sociales para comunicarse de forma rápida y efectiva con la ciudadanía salvadoreña, incluso llegan al extremo de criticarlo porque «Nayib usa gorra al revés, y el uso intensivo de las redes sociales».
Los opositores políticos llegan a tal desesperación que no hallan narrativas creíbles de cómo atacar al presidente para anularlo, descalificarlo e invisibilizarlo; lo critican por dar gracias a Dios por los éxitos obtenidos en eliminar los asesinatos, violaciones, extorsiones, etcétera, de las pandillas o crimen organizado, lo califican como populismo e instrumentalización de la religión; tildan al presidente como «masculino agresivo», y lo reprochan por ser joven, llegando al extremo de las incoherencias al considerar que «es un liderazgo marcado por el personalismo».
Los opositores políticos están en modo agobio agudo crónico degenerativo, porque todas las argucias y falacias contra el presidente Bukele se caen por su propio peso, en lugar de debilitarlo lo fortalecen; este accionar de los opositores políticos se circunscribe en una propaganda política que se les revierte, es decir, el «tiro les sale por la culata»; al final, lo que ocurre es que los opositores políticos logran aumentar el rechazo de la ciudadanía salvadoreña hacia ellos y se fortalece el apoyo popular nacional e internacional hacia el presidente Bukele.
En vista de que no hallan de qué criticarlo, y en su abatimiento, recurren hasta cuestionar el lenguaje utilizado por el presidente y lo descalifican tipificándolo de «lenguaje populista», por ser franco y directo con los salvadoreños y la comunidad internacional; y es precisamente lo que hace la diferencia con los demagogos y corruptos jefes de Estado que ha tenido históricamente El Salvador y que gobiernan algunos países de América Latina y del mundo.
Dentro de la miseria humana de los opositores políticos se encuentran las críticas al hecho de que Bukele sea expresivo y natural en sus conferencias de prensa, cadenas nacionales, discursos a la nación y en el ámbito internacional; los opositores preferirían que las alocuciones presidenciales fueran frías y las realizara sin ninguna gesticulación ni ademán, sobre todo de forma vertical y autoritaria, que mostrara una separación o división con la ciudadanía. Para los opositores, el comportamiento del presidente y la manifestación de sus ideas e ideales es un personalismo que busca legitimar la imagen como líder.
La miseria humana de los opositores políticos no tiene límites, para estos el presidente Bukele no debe de dar a conocer a la población los días sin homicidios. Según los detractores, el mandatario debe de guardar silencio y en la pobreza mental de los opositores debería ser secreto de Estado. Para los opositores es inconveniente que se conozca nacional o internacionalmente el éxito de la política pública de seguridad ciudadana salvadoreña, porque según estos el presidente Bukele «proyecta una imagen de eficacia».
En esta misma lógica perversa, para los opositores políticos está mal que el presidente dé a conocer las grandes obras de infraestructura vial, construcción y reconstrucción de centros escolares, hospitales y mercados, la megacárcel, los agromercados, distribución de más de un millón de tabletas y laptops para el 100 % de los estudiantes del sistema educativo nacional, etcétera. Los informes que hacen los opositores sobre El Salvador con el fin de desprestigiarlo chocan con la realidad nacional y se evidencia que son simplemente ataques de mercenarios, hacia un país que se está reconstruyendo y volviendo ejemplo en el ámbito internacional.
Además, los opositores se indignan por las capturas frecuentes de reductos de las pandillas, lo cual es lógico, porque todas sus críticas en nombre de valores y principios nada más son el subterfugio que utilizan para ocultar públicamente el hecho de que son defensores de los pandilleros, crimen organizado, narcotráfico y corrupción. Con esta conducta los opositores manifiestan en el fondo que son cómplices, forman parte de la delincuencia y que son mercenarios.




