Manuel de Jesús Pérez, conocido en el ámbito artístico como Manolo Páez, acompañado de su guitarra, lleva su repertorio musical de antología al revitalizado centro histórico de San Vicente. Sus interpretaciones de la música del ayer tienen como escenario el parque Antonio José Cañas, donde se encuentra la icónica torre del reloj.
Tiene 68 años y asegura que le canta al amor en todas sus dimensiones, y desde hace algunos días decidió llegar y compartir sus dotes artísticos con los visitantes locales y turistas que llegan al parque Cañas.
Generalmente lo hace los viernes, sábados y domingo a partir de las 5 de la tarde, dando un toque especial al lugar por versatilidad al interpretar canciones como «Gema», «El último beso», «Ayer se fue», «Me olvidé de vivir», entre otras.
Comenta que lo animó a salir con su guitarra y cantar la renovación del centro histórico vicentino, un proyecto que fue ejecutado por el Gobierno del presidente Nayib Bukele.
«Uno [de los factores] es lo hermoso y bonito que ha quedado el parque, muy precioso […], y me interesa que las personas que vienen aquí escuchen las melodías del ayer, que disfruten música en vivo», añade el artista.
Muchos se detienen a escuchar su música y hasta le piden sus canciones favoritas, las cuales complace. Más de alguno le brinda propina; sin embargo, él afirma que lo económico no es el objetivo principal.
«Algunas personas me dicen si acepto alguna propina por lo que hago y les digo que sí, aunque yo no lo hago con el propósito de venir a pedir, lo que busco es dar a conocer el arte de la música. Si gustan contactarme para alguna cena porque ha venido un familiar de EE. UU. o por alguna fiesta cumpleaños, voy. Esto me sirve para promocionarme», dice el vicentino.
De niño tenía el sueño de tocar la guitarra y cantar al igual que sus amigos, pero él era uno de siete hermanos y su madre, quien era la única proveedora del hogar, no pudo comprarle el instrumento.
Con el tiempo su tío le regaló una y le compró cuerdas, y fue ahí cuando comenzó a aprender y practicar a través de métodos de cancioneros que vendían. «Así aprendí y llegué hasta donde estoy, es decir, con perseverancia», añade.
Manolo Páez contó que también dibuja y pinta, una destreza que traía desde pequeño pero que pudo desarrollar hace unos siete años a través de talleres en la Casa de la Cultura de San Vicente, y que después de la pandemia ha logrado armar su pequeña galería de pinturas.
Luego de terminar su bachillerato aprendió el oficio de reparación de electrodomésticos, lo que le ha permitido hasta la fecha sostener su hogar, por lo que esta etapa de pintar, hacer música y disfrutar de su familia, sus nietos y bisnietos, lo hace sentir pleno.
Su esposa, Ana Gladis de Chávez, lo apoya. Con ella repasa las melodías, y narra con emoción que es a quien más le ha cantado. Además, ella recita poesía y él la acompaña con su guitarra, expresó Manolo.







