Vender un celular en internet y brindar su número de cuenta bancaria a un desconocido, quien supuestamente le haría el depósito por la compra, pudo haber sido el error que cometió Carlos Rivera para que le hurtaran $400 desde cajeros electrónicos en un centro comercial.
«Una tarde comencé a recibir notificaciones en mi teléfono de que estaba haciendo transacciones bancarias, me generó sospechas porque uno de los mensajes que me ingresó decía que me habían hecho una transferencia de $400 a mi cuenta, cuando verifiqué en mi banca electrónica me di cuenta que me habían retirado», detalló Rivera.
Así como Rivera hay cientos de personas que han sido afectadas alguna vez con retiros o por compras en línea sin ser autorizadas por ellos. «El mismo día que di mi número de cuenta también fui a hacer un depósito al cajero, me ayudó un empleado, tengo la sospechosa que pudo haber sido él quien vio mi clave», dice Carlos.
Rivera reportó su problema al banco, lleva más de un mes sin poder tener acceso a su cuenta «no puedo tener acceso al dinero, no puedo usar la cuenta electrónica, puse una denuncia y así tener el registro», ahondó.
El mayor acceso y facilidad a las tecnologías en los últimos años ha permitido que situaciones similares a la que le sucedió a Rivera vayan en aumento, las cuales se conocen como hurto informático.
En el Código Penal se especifica que «el que por medio del uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, se apodere de bienes o valores tangibles o intangibles de carácter personal o patrimonial, sustrayéndolos a su propietario, tenedor o poseedor, con el fin de obtener un provecho económico para sí o para otro, será sancionado con prisión de dos a cinco años».
Por dicho delito, la Fiscalía General de la República ha recibido desde 2018 más de 277 denuncias. En los últimos dos años se muestra un leve aumento, del total, 149 se interpusieron entre enero a mayo de este año, mientras que 63 casos son del 2020.
Además del hurto informático está la modalidad de estafa agravada que se refiere a todo aquel «que manipule o influya en el ingreso, el procesamiento o resultado de los datos de un sistema que utilice las Tecnologías de la Información y la Comunicación, ya sea mediante el uso de datos falsos o incompletos, el uso indebido de datos o programación, valiéndose de alguna operación informática o artificio tecnológico o por cualquier otra acción que incida en el procesamiento de los datos del sistema o que dé como resultado información falsa, incompleta o fraudulenta, con la cual procure u obtenga un beneficio patrimonial indebido para sí o para otro», establece el referido artículo.
De enero de 2018 a mayo de este año, el ministerio público reporta 274 denuncias por este tipo de delito, del total, 8 se cometieron en 2018; 26 durante el 2019; para el año pasado se reportan 68 casos, mientras que para este año se registran 112 estafas on line.
«La misma naturaleza del internet permite el anonimato y la capacidad de interactuar con cualquier persona conectada que propicia se den estos delitos, y más comúnmente el “phishing”, que es la técnica más usada por los delincuentes informáticos para robar los datos personales de los usuarios, desde una simple contraseña de sus redes sociales hasta los datos de sus cuentas bancarias», explicó un experto en informática.
Clientes fueron víctimas
Uno de estos casos sucedió en abril de este año cuando dos empleados bancarios fueron capturados por sustraer dinero a través de transferencias bancarias sin autorización a decenas de clientes, según investigaciones fiscales.
Uno de los arrestados es Andy Vladimir Rezzio Sorto, quien es acusado de realizar transferencias bancarias fraudulentas a su favor por un monto de $9,563.10.
«Este sujeto, valiéndose de su función en una agencia bancaria, accedía a la banca [cuenta] en línea sin autorización de un cliente, posteriormente transfirió capitales y realizó compras en internet», informó la Policía. El hombre es acusado de estafa informática.
Otro de los detenidos es Harold Loucel, está imputado por sustraer $12,000 de varias cuentas de clientes de un banco.







