Detectado ese otro plan de bloqueo por parte del TSE para que Nayib no pudiera correr como candidato de su propio partido, Nuevas Ideas, el doctor Félix Ulloa planteó la alternativa de la alianza estratégica con Cambio Democrático (CD) para que Nayib pudiera competir bajo su bandera. Pero había un problema.
Era cierto que existían coincidencias programáticas con ese pequeño partido, claramente ubicado en el centro izquierda, hasta el punto de que, en 2012, Nayib había ganado la alcaldía de Nuevo Cuscatlán postulado por una alianza entre el FMLN y el CD. Pero también era cierto que tres años después, durante la campaña electoral de 2015, hubo serios desacuerdos entre Nayib y la dirigencia del CD, que incluso provocaron que esta hiciera algunas declaraciones públicas muy poco gratas para aquél. No obstante, la realidad política exigía ser pragmático e intentar cruzar ese puente.
Félix tenía un amigo, Julio Hernández, un político muy experimentado e inteligente que solía asesorar a los dirigentes del CD. Le habló del problema y le pidió que interviniera para posibilitar el reacercamiento. La mediación fue efectiva y fértil. Una vez roto el hielo, desde el primer encuentro, las conversaciones se fueron desarrollando sobre los términos y condiciones en las que la inscripción de Nayib como candidato presidencial se realizaría, su vicepresidente, la composición del gabinete, la plataforma de Gobierno y temas electorales como deuda política y el nombramiento de magistrados al TSE.
En todas y cada una de las reuniones entre Nayib y el CD estuvo presente Félix Ulloa. El punto más difícil en esa negociación, y por el que Nayib se vio obligado a hacer las mayores concesiones en los otros temas, fue el del compañero de fórmula. El CD exigía que el candidato a la vicepresidencia fuera uno de sus líderes, lo cual era legítimo, pero Nayib necesitaba que el perfil de quien lo acompañara fuera diferente: una mujer joven, de alta calificación profesional, ajena al universo partidario tradicional y que, preferentemente, proviniera del mundo de la empresa privada. De hecho, él ya tenía bajo consideración algunos nombres. No se trataba de nada personal, era una cuestión de estrategia. Finalmente, y no sin resistencia y elevación de sus otras exigencias, el CD aceptó la propuesta de Nayib y se selló el acuerdo de la alianza.
La noche en que eso ocurrió, el Delta me llamó por teléfono para decirme que, a la mañana siguiente, muy temprano, él mismo, Félix y yo teníamos que reunirnos con la persona elegida por Nayib como su compañera de fórmula para explicarle en detalle el proyecto político de Nuevas Ideas. Llegué unos minutos tarde a esa reunión, solo para enterarme de que el CD había reconsiderado su decisión y mantenía la condición de que el candidato a la vicepresidencia fuera uno de sus dirigentes.
Cuando estábamos hablando de ese asunto los tres, se me ocurrió una idea y la solté de manera espontánea: «El compañero de fórmula de Nayib debería ser Félix, sería un complemento perfecto en todos los sentidos», dije, y expuse una serie de razones que, verdaderamente, creía incontrovertibles, comenzando por su probidad incuestionable, pasando por su carácter mesurado, su madurez, y terminando con su alto nivel intelectual y académico. Félix no estuvo de acuerdo conmigo: «Agradezco la opinión que tienes sobre mí, pero, yo estoy convencido de que el perfil elegido por Nayib es el ideal», dijo sin más.
PREVARICACIONES
Con esa jugada, Nayib se adelantó a los planes de bloqueo del TSE y le ganó, al menos por el momento, esa batalla. Pero ya hemos dicho antes que todo el sistema se había alineado contra él. La decisión de no dejarlo competir ya estaba tomada más allá de los límites de la legalidad.
En este punto conviene recordar la definición de la palabra prevaricación o prevaricato: «Delito consistente en que una autoridad, un juez o un funcionario dicte a sabiendas una resolución injusta», según el diccionario. Y el próximo golpe de prevaricato contra Nayib vendría de otra importante institución del Estado: nada menos que la Sala de lo Constitucional de la Corte suprema de Justicia.
Se trata de una historia prolija y rocambolesca que, sin embargo, es necesario explicar con algún detalle porque, de paso, ilustra muy bien el modo peregrino en que en general se han hecho y aplicado las leyes en nuestro país.






