La situación empezó a complicarse al mediodía: todos los informes hablaban de poca afluencia en los centros de votación, cuando lo que se esperaba era una asistencia masiva. El nerviosismo crecía en la medida en que los informes que seguían fluyendo no eran muy optimistas. Una votación baja solo favorecía a ARENA y al FMLN debido a las maquinarias electorales y al control territorial que poseían.
Entre los encuestadores y a la vez estrategas políticos más notables en América Latina se destacaban dos: el colombiano Mauricio de Vengoechea y el mexicano Roy Campos. Ambos tenían 30 años de experiencia en la materia y habían trabajado en casi todos los países del subcontinente; ambos conocían perfectamente el proceso político salvadoreño y durante varios años habían prestado sus servicios profesionales al partido ARENA.
Hacía apenas poco más de dos meses, el 7 diciembre de 2018, en una entrevista concedida en Atlanta a CNN Internacional, Vengoechea había afirmado que Nayib Bukele ganaría en El Salvador con una arrolladora ventaja de entre 25 y 30 puntos porcentuales. Pero en esa ocasión el colombiano no había realizado las mediciones de opinión él mismo; los datos que manejaba se los había compartido su amigo Roy Campos, que sí había hecho trabajo de campo en El Salvador, tanto con su casa encuestadora, Consulta Mitofsky, como con su empresa asociada T-Research, que se encargaba de los trackings diarios. Ese domingo, Roy Campos estaba en El Salvador. Había llegado el día anterior y se había reunido con el Delta y conmigo en nuestra oficina de análisis político y comunicación estratégica. En algún momento de esa reunión, el sábado por la tarde, Roy envió a Nayib un mensaje por WhatsApp en el que le decía: «Vas a ganar, se nota en el aire, se huele en el ambiente, y todos lo dan por hecho: los menos se resignan, los más se ilusionan, pero todos entienden que es la sacudida que requiere El Salvador. La historia no se reescribe, pero sí se puede reiniciar y corregir el rumbo. Mañana inicia una nueva historia».
Yo tenía el mismo nivel de certeza que el mexicano, solo que en mi caso no era por la vía de los números demoscópicos, sino por la del análisis del proceso histórico y político del país.
—No hay ninguna duda —nos dijo Roy—, mañana Nayib ganará en primera vuelta. Además de mis propias mediciones, he analizado todas las otras encuestas, 60 más o menos, y el promedio está entre los 25 y los 30 puntos de ventaja. Si no se da un fraude cibernético, o algo como una calamidad natural que impida o dificulte que la gente salga a votar, Nayib estará arriba del 55 %, ARENA no llegará al 30 % y el FMLN difícilmente pasará del 10 %.
—Pero para que Nayib obtenga esos números se requiere una votación muy alta, ¿no? —le dije.
—Creo que si la participación llega al 62 % nuestro amigo podría sacar 2 millones de votos… Y otra cosa: ganará en todos los departamentos, de eso tampoco hay duda— sentenció.
Respecto a las encuestas había un tema que yo no tenía muy claro, y se lo pregunté: — Roy, hace unos seis meses tu encuesta predijo casi con exactitud el resultado de las elecciones presidenciales en México, pero tres años antes, en 2015, tu encuesta se equivocó por casi 25 puntos en la elección de Jaime Rodríguez, el Bronco, en el estado de Nuevo León… Al año siguiente, en 2016, todas las encuestas fallaron en Inglaterra con lo del bréxit, en Estados Unidos con Trump, y en Colombia con el acuerdo de paz… ¿Cómo es posible un error de 25 puntos o que se equivoquen todas las encuestas sin excepción?
Roy sonrió y respondió: —No te preocupes, Nayib va a ganar exactamente por la misma razón que ganó el no inglés a la Unión Europea, el no gringo a Hillary Clinton y el no colombiano al acuerdo con las FARC… y exactamente por la misma razón que ganó el sí nuevoleonés al Bronco. Mira, en todos esos casos lo que se impuso fue el no al sistema, los ganadores fueron los antisistema. La gente votó contra el poder, contra el Gobierno, y esa oleada antisistema comenzó en 2011 con el movimiento de «los indignados» en España. Ustedes no nos representan, eso es lo que la gente comenzó a decirle al sistema. En todas esas elecciones la clave fue la indignación antisistema.
—Pero eso mismo ocurrió con López Obrador en México, y ahí las encuestas no se equivocaron —repliqué.
Roy volvió a sonreír y dijo: —Es que en 2015 y 2016 ese fenómeno sociológico de la indignación antisistema era nuevo y los encuestadores aún no lo registrábamos, no sabíamos medirlo. Ahora eso ya está incorporado a nuestras metodologías. Ahora ya sabemos que aquí va a ganar el no a los mismos de siempre, al sistema.
—A procesos parecidos, resultados parecidos —asentí.
—Exacto —agregó Roy—, en México el sistema era el PRI y el PAN, el Prian como decía López Obrador. Aquí el sistema es ARENA y el FMLN, o sea ARENA y ARENA 2.0 como les dice Nayib. No hay error, pinche Geovani, mañana vamos a celebrar por todo lo alto, ¿quieres apostar unas pupusas?






