El 20 de mayo, alrededor de las 7:30 de la mañana, la tranquilidad de la Ciudad de México se vio interrumpida abruptamente. En Calzada de Tlalpan, una importante arteria al sur de la urbe, Ximena Guzmán, la secretaria particular de la jefa de gobierno de la Ciudad de México, esperaba en su auto pacientemente la llegada de su compañero de trabajo, José Muñoz, asesor de Claudia Brugada.
El auto estacionado a la orilla de la banqueta, justo a la salida de un bajopuente, mantenía las intermitentes parpadeando. En un video publicado por el diario «Reforma» se ve a José llegar, cuando aparece un hombre con chamarra blanca y casco de motocicleta que avanza unos pasos frente al vehículo, como para detener un taxi. Cuando José estaba a punto de abrir la portezuela del vehículo, el hombre se gira hacia ellos y dispara cuatro tiros a Ximena y luego última a José. Antes de darse a la fuga, y con una frialdad inusitada, realiza un tiro más a cada uno con el objetivo de cerciorarse de que estaban muertos. Finalmente, escapa caminando y, unos metros más adelante, aborda una motocicleta conducida por otro individuo. Hablamos de 12 disparos provenientes de un arma 9 milímetros. El mensaje era claro: el gobierno es vulnerable.
Al día siguiente, durante la conferencia matutina de la presidenta, una periodista le pidió a Claudia Sheinbaum que hiciera algunas conjeturas de lo ocurrido, pero ella respondió firme: «Nosotros no especulamos, investigamos». Esto es precisamente lo que la Fiscalía General de Justicia está haciendo, examinar los indicios para entender qué fue lo que sucedió, informar quiénes fueron los asesinos y definir, sobre todo, el móvil de los homicidios.
No hay que soslayar que, tratándose de una de las ciudades más grandes del mundo con casi 9 millones de habitantes, es decir, el 8 % de la población del país vive en esta gran urbe, es un sitio con muchas cámaras de seguridad, un importante número de efectivos policiales, complejos protocolos de respuesta, y con toda una gran infraestructura operativa, sucede lo impensable.
Las cámaras del centro de videovigilancia, denominado C5, dieron cuenta de la ruta que siguieron los sicarios, pero casualmente la cámara que apuntaba en dirección a la escena del crimen estaba descompuesta. Así que, una vez más, es evidente que se trató de un plan rigurosamente planeado y que los
matones eran profesionales.
Por el momento se ha integrado un grupo interinstitucional que opera sin descanso para aclarar los hechos. El secretario de Seguridad Ciudadana de México, Pablo Vázquez, en una conferencia de prensa, informó que el arma no contaba con ningún antecedente penal; el sicario había usado guantes para no dejar huellas dactilares en los vehículos; había estado varias veces en el lugar y, una semana antes tenía previsto ejecutar los dos crímenes, decidió abortar el plan al percatarse
de que José no había llegado al punto de reunión ese día, así que tomó la decisión de aplazarlo para una semana después. Todo esto deja en claro que el objetivo era asesinar a los dos en un mismo momento.
La pregunta que podemos formularnos es: ¿quién tiene la capacidad de llevar a cabo un crimen de esta naturaleza? Por supuesto, podemos pensar que los grupos
delincuenciales vinculados al narcotráfico, pero también pudieran existir otros actores interesados en desestabilizar al gobierno de la Ciudad de México.





