En Estados Unidos está abierto un amplio debate, con múltiples acusaciones de por medio, sobre la interferencia de potencias extranjeras en su política interna. El caso más cercano es el de las elecciones que ganó Donald Trump. En esa ocasión, los demócratas culparon a cientos de comentarios y páginas en Facebook creadas en Rusia para influir en los votantes estadounidenses, con mensajes en contra de la candidata Hillary Clinton.
Las acusaciones fueron escalando de tono hasta llegar al círculo más cercano del expresidente Trump, al punto que su yerno fue investigado. Más tarde, el propio Gobierno de Trump anunció que ampliaría el alcance de la normativa FARA (regulación de agentes extranjeros) para incluir una orden ejecutiva para frenar las influencias rusa y china en la política estadounidense. De hecho, el Gobierno de Trump incluso quiso prohibir la popular App china TikTok, bajo el argumento de que tenía fallas de seguridad y que recopilaba datos personales de los usuarios.
Sea como sea, Estados Unidos tiene desde 1976 un equipo especial dedicado al cumplimiento de la FARA, como una forma de protección ante la interferencia extranjera en asuntos domésticos. Lo mismo sucede en otras naciones, ya sea en el hemisferio o en el Viejo Continente.
Que El Salvador cuente con su propia ley de protección no debe extrañar a nadie. Y solo puede tener el rechazo de aquellos que viven de fondos extranjeros, de aquellos que cobran para desestabilizar el país y promover agendas partidarias con filia internacional.
ONG y fundaciones nacionales se nutren de los donativos que vienen del exterior. Mucho de ese dinero llega en calidad de donaciones y se utiliza para programas y proyectos sociales; sin embargo, hay fundaciones que reciben dinero para implementar políticas extranjeras en el país, haciendo «lobby» para que sus agendas sean conocidas o implementadas.
ARENA y el FMLN reciben fondos del extranjero, que deben estar bajo vigilancia para evitar la infiltración de dinero no legítimo, así es como funciona la ley contra el lavado de dinero, por ejemplo. ¿Por qué el Estado salvadoreño no debe vigilar los fondos que reciben partidos, fundaciones y ONG con claro corte partidista? Es dinero que viene con el único fin de encauzar la opinión pública hacia determinada idea.
Si no hay controles, lo que puede suceder es lo que pasó con los $10 millones donados por Taiwán para atender a las víctimas de los terremotos de 2001 que terminaron financiando a ARENA la campaña presidencial de Tony Saca. ¿Es eso lo que temen perder? ¿Y a aquellos que les hacen la comparsa a ARENA y al FMLN también les preocupa de dónde saldrán sus jugosos salarios?





