Cuando Facundo Guardado se me acercó para «sentenciarme» que no dejara subir a la tarima a nadie más que a Shafick Hándal para dar el mensaje del Frente, me sentí agüevado, me estaba dando órdenes uno de los principales comandantes de la guerrilla, y esas órdenes se cumplían. Aquel evento era el cierre de campaña en el que Rubén Zamora y Chico Lima fueron la fórmula con la que la izquierda de ese entonces pretendía llegar al poder. Corría el año 1994 y el FMLN participaba en su primera elección.
En ese momento no entendía el porqué de esa orden, pero luego deduje que el comandante Facundo no quería que dejara subir a la tarima a Joaquín Villalobos, situación que me generó un conflicto interno, pues yo venía de las filas del ERP y Facundo era FPL de pura cepa.
Aquella acción de no darle espacio para que Joaquín tuviese proyección pública en ese evento solo era una leve muestra de la discordia que existía en las filas guerrilleras de una unión efímera que estaba muy cerca de romperse. Joaquín y Shafick eran los líderes más mediáticos, pero ambos representaban dos corrientes ideológicas antagónicas.
El ERP opinaba que el candidato ideal no debería ser de la izquierda, sino alguien que representara un espectro político más amplio y propuso al democratacristiano Abraham Rodríguez, pero el ala radical no estaba lista para esas alianzas atrevidas y terminó imponiendo a Rubén Zamora, que garantizaba «el proyecto político».
Para ese entonces, yo regresaba después de 14 años de vivir en el norte. Eran tiempos de éxtasis revolucionarios. Como parte de un acuerdo con la fundación con la que trabajaba en Los Ángeles, me vine para ser asistente de Héctor Silva y ser puente de comunicación con Bill Zimmerman, que, además de ser presidente de la fundación, dirigía una agencia de asesoría política en el estado de California, y como simpatizaba con la izquierda centroamericana, quería apoyar la candidatura de la coalición. Pocos en El Salvador le hicieron caso.
Ser «asistente» en el argot político gringo es tener un grado de confianza, y Bill, un viejo militante del movimiento antiguerra del Vietnam, quería que yo jugara ese papel con el gerente de la campaña de la coalición, pero el Dr. Silva no entendió eso y me vio como un pasapapeles. La primera gran tarea que me asignó fue que le llevara a lavar su carro. Con el tiempo, me gané su confianza y me asignó la responsabilidad de hacerme cargo de la prensa.
Ahí conocí a Neto Zelayandía, Cristian Villalta, Karlita, Santiago Gutiérrez y Jaime Aquino. Neto Zelayandía era algo así como el «chief of staff» que coordinaba, entre otras cosas, las caravanas que recorrían todo el territorio para hacer proselitismo.
Como responsable de prensa, coordiné el cierre de campaña en la plaza frente a catedral. Propusimos que el evento incluyera artistas «mundanos», y más de uno se opuso a tener música popular que reflejara la lucha revolucionaria histórica, pero no sé cómo logramos convencer a la dirigencia de contratar a lo mejor de los grupos musicales del momento. Fue así como tuvimos a Algodón y Prueba de Sonido, y también estuvieron los grupos folclóricos de izquierda como CEDAMER. La plaza se llenó, era algo impresionante, no cabía un alma.
Con Jaime Aquino ideamos un par de días antes contratar una avioneta y tirar por todo Soyapango y Mejicanos más de 100,000 volantes para convocar al cierre de campaña. Obvio: no existía Facebook ni Instagram.
En esta primera elección de la postguerra nadie de los que formamos parte de ese equipo de campaña tenía experiencia en elecciones. Jaime Aquino era el único que entendía porque ya trabajaba en ese entonces en agencias publicitarias y se lo jalaron para que se encargara de la publicidad. Zelayandía venía de Brasil y su experiencia se limitaba a sus contactos con las campañas del PT. Villalta era un cipote estudiante de la UCA, si la memoria no me falla, era el encargado bajo la tutela de Jaime de hacer los «copies». Santiago venía de ser camarógrafo de una prestigiosa cadena de noticias que había cubierto el conflicto de los contras en Nicaragua. El Dr. Héctor Silva se estaba consolidando como el relevo de Rubén, mientras yo jugaba a ser jefe de prensa, y quizá el aporte más significativo que di fue haber propuesto el eslogan de campaña. Todavía recuerdo que, escuchando «Mi gente», una clásica de Héctor Lavoe, se me había quedado clavado el estribillo:
Vinieron todos para oírme guarachar
Pero como soy de ustedes
Yo los invitaré a cantar
Conmigo sí van a bailar
Yo los invitaré a gozar, conmigo sí
Que cante mi gente, que cante mi gente
Al llegar a una reunión de creativos, propuse que el eslogan fuera «Rubén con la gente será presidente». Estaban, si mal no recuerdo, Beatriz Alcaine y los «cheros de La Luna», Sebastián Alejo, Rusconi, también estaba Paolo Lüers, pero nunca entendí qué hacía, tendría que preguntarle, aunque dudo que me responda. Creo que Neto llevó la propuesta al comando de campaña (es decir, a la comandancia general del Frente) y le dieron vuelta a la frase porque «no era posible que Rubén estuviera antes que la gente». Así que optaron por ponerle «Primero la gente, Rubén presidente».
En esa campaña tuve el privilegio de conocer a leyendas del periodismo local, héroes que cubrieron, arriesgando el pellejo, miles de combates en la guerra. Francisco Campos era el fotógrafo oficial de France Press y Carlos Mario Márquez, el periodista; y junto a ellos, Yuri Cortez, que ya estaba dando sus primeros pininos; Alberto Barrera escribía para Reuters y los camarógrafos eran Chochi y Ricardo Clement; complementaba este equipo Luis Galdámez.
No había plaza pública que no llenáramos y jurábamos que esa elección la ganaríamos. Nada más lejos que la realidad, ARENA nos arrastró y solo nos quedó el sabor amargo de entender por primera vez que uno de los peores errores que podés cometer en campaña política es creerte tu propia propaganda.
P. D.: Sí dejé subir a Joaquín a la tarima, se dirigió al centro y saludó a los presentes. A un costado estaba Facundo, que me lanzó una mirada fulminante por no haberle hecho caso. Esperé una sanción ideológica, pero al final terminamos sentados a un lado tarareando el éxito de Algodón «Y te vi con él». Creo que ahí nos hicimos cheros con Facundo.





