Las economías mundiales se enfrentan a un desafío gigante ante el replanteamiento de alzas en aranceles. Ningún país está libre de los estragos de estas medidas. Aun cuando los aranceles son la forma antigua de buscar resultados económicos, estos son vistos generalmente como el proteccionismo que obstaculiza el libre comercio. Un arancel no es otra cosa que un impuesto a un producto extranjero. Lo aplican gobiernos cuando «buscan» proteger a empresas nacionales ante una competencia que consideran injusta por parte de otras naciones.
Para los economistas serios, la imposición de aranceles genera diversos efectos en cualquier economía, entre los cuales destaca el posible aumento de la inflación en el corto y medio plazo, y una guerra comercial global incalculable.
Era obvio que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ajustaría sus proyecciones de crecimiento para cada una de las naciones, principalmente cuando Estados Unidos ha aumentado significativamente los aranceles y ha sacudido los mercados financieros. Como era de esperarse, la respuesta ha sido recíproca por parte de sus socios comerciales principales.
Ante el tsunami arancelario, América Latina ha quedado entre los menos golpeados con el gravamen de 10 % y con la esperanza de negociar con Estados Unidos. Pero la excepción es para Venezuela y Nicaragua, que tendrán que pagar 15 % y 18 % respectivamente.
La nueva política arancelaria representa, entonces, un cambio importante en las dinámicas comerciales globales y locales, y requerirá de mucha estrategia.
Para los economistas está claro que tanto empresas como consumidores, en el mundo, deberán adaptarse a este nuevo escenario económico caracterizado por mayores barreras al comercio internacional.
Es ahí que el golpe en escala dependerá de las decisiones de cada gobierno en medio de una elevada incertidumbre y juego geopolítico.
En el caso de El Salvador, el FMI proyecta un 2.5 % de crecimiento económico, y lo gracioso del caso es que las ternuritas, que viven de las ansiedades y los carcome la maldad, pues siempre desean que pasen las cosas peores en nuestro país, no tardaron en devorar, con entusiasmo, dicha proyección. El movimiento de sus comentarios en redes sociales y en sus panfletos de papel y digitales exponen sus deseos. Es que aún no asimilan que ahora tienen a un verdadero presidente de país, y no a un gerente en casa presidencial servil al poder económico.
Pero como la memoria les falla, les ayudaré a recordar, tal vez entienden.
A finales de 2023, los organismos financieros internacionales proyectaron que el país tendría un crecimiento muy por debajo de 3 % para 2024. ¿Qué sucedió? Todos tuvieron que ajustar sus cálculos.
El Banco Mundial (BM) había jurado que El Salvador alcanzaría el 2.3 %, pero al final fijó en 3.2% el crecimiento económico, dando la razón al Banco Central de Reserva (BCR), que había proyectado entre 3 % y 3.5 %.
Y qué decir del FMI. Este organismo financiero había previsto que El Salvador apenas lograría un 1.9 % de crecimiento y, por supuesto, los mismos de siempre se lanzaron a aplaudir tal «revés», según ellos, aprovechando la coyuntura de que no se tenía acuerdo con esta institución.
Pero, en su informe de Perspectivas de la Economía Mundial, el FMI aceptó y confirmó que el país alcanzó el 3 %. Hasta la misma Cepal subió su previsión de 2 % a 3 %.
Ahora bien, estas mismas ternuritas que son fuente de análisis e información de los mismos sitios web que se disfrazan de periodismo, que por cierto exponen encuestas más rastreras que una serpiente, se burlaban de que el país jamás alcanzaría un acuerdo con el FMI. Es que el sueño húmedo de estos pseudoanalistas, de plumíferos y de ONG, todas activistas políticas, es el regreso del poder fáctico.
Pero se fregaron. Claro, nadie duda de que el país está frente a una situación internacional compleja y desafiante. Pero ahora tenemos presidente.
La historia nueva, la que se comenzó a escribir desde el 1.º de junio de 2019, nos ha mostrado que con el liderazgo de Nayib Bukele El Salvador ha superado todos los obstáculos y seguimos creciendo.
Ante la COVID-19 fuimos uno de los países que mejor manejaron la pandemia. Miles de vidas fueron salvadas gracias a la anticipación y a las acciones emprendidas por Nayib. Luego vino la recuperación económica con todas las medidas que ordenó ejecutar. Los empleos se recuperaron. La economía siguió pujante y llegamos al 3.5 % de crecimiento a pesar de todos los obstáculos provenientes del exterior.
Y ahora, ante la proyección del FMI de 2.5 %, Nayib ha dicho «We’ll double this forecast. Watch», y estoy seguro de que así será. Porque creo en su visión, en su misión y en su empecinamiento de beneficiar a su pueblo. Nayib es un animal político, un verdadero estratega reconocido y admirado a escala mundial.
Una prueba de que sabe lo que hace es el reciente anuncio de aumentar el salario mínimo en un 12 % y en una coyuntura en el que los mismos de siempre han criticado. Es que, para estos, nunca es buen momento de golpear la mesa en favor de la sociedad.
Se la pasan hostigando, pues no tienen más cosas que hacer en la vida, creyendo que con eso ganan rédito político. Locura. Los salvadoreños ya les sacaron la tarjeta roja.
El Salvador está entrando en una etapa diferente. No es inmune a las situaciones mundiales, pero tiene un líder que no duerme por armar las estrategias correctas para continuar en la ruta de llevar al país a otro nivel.
El aumento al salario mínimo no solo va a ayudar al bolsillo de los salvadoreños, también dinamizará la economía a toda escala. Por cierto, ya Nayib ha ordenado un amplio dispositivo para evitar que los malandros quieran aprovecharse del anuncio y suban precios. No deben olvidar que al presidente no le tiembla la mano por defender a su pueblo.
Mientras todo esto sucede, sigamos disfrutando de cómo El Salvador sigue avanzando.





