Lugar de las mujeres y los fieles LGBT+, diplomacia, estilo o cualquiera que sea su perfil, el sucesor del papa Francisco enfrentará muchos desafíos para el futuro de la Iglesia católica.
Francisco rompió con el estereotipo del perfil de la figura del papa, convirtiéndose en el primer líder sudamericano de la Iglesia católica y en el primero no europeo desde el siglo VIII.
Con los numerosos viajes que hizo por todo el mundo, de Mongolia a Papúa Nueva Guinea, y los cardenales que nombró, el jesuita argentino defendió regiones muy alejadas de Roma, durante mucho tiempo olvidadas por la Iglesia.
Además, en el mundo actual, cada vez más complejo, los analistas consideran que una visión inclusiva del mundo y de las competencias diplomáticas serán decisivas en la elección del próximo pontífice, más que su nacionalidad.
Desde la restricción de la misa en latín a la recepción de los migrantes, en 12 años de pontificado el papa Francisco fue objeto de críticas internas de una virulencia inédita.

Una franja conservadora, especialmente en el episcopado estadounidense y africano, también le reprochó su apertura hacia los laicos y las mujeres. Y su decisión de abrir la vía a la bendición de las parejas homosexuales a fines de 2023 provocó una fuerte reacción.
En esta óptica, el próximo papa deberá limar los roces entre las diferentes corrientes al interior de una Iglesia, donde cohabitan sensibilidades culturales muy diversas.
«Un papa es siempre un unificador», dijo a los periodistas el cardenal luxemburgués Jean-Claude Hollerich. «Esta unidad de la Iglesia será muy importante. Pero no se hace la unidad de la Iglesia retrocediendo.»
De igual forma, pese a las muchas medidas para luchar contra la pedocriminalidad en la Iglesia como el levantamiento del secreto pontificio, obligación de señalar los casos a la jerarquía, plataformas de escucha, las asociaciones de las víctimas se mostraron decepcionadas por la acción del papa Francisco.







