En la búsqueda de la felicidad y la plenitud, el tener una razón de ser, un propósito de vida y un motivo poderoso que le dé impulso es sumamente importante para cualquier individuo, sea cual sea la sociedad a la que pertenezca. Tanto es así que en casi todos los idiomas se han acuñado términos o frases que aluden a ese afán constante de los seres humanos.
«Raison d’être» es una expresión francesa que se traduce como «razón de ser», y se utiliza para explicar lo que podría motivar o fundamentar nuestra existencia.
Así como esa expresión en el idioma francés, en japonés hay también un término que se usa con la misma finalidad, aunque con un significado mucho más profundo, al punto de considerarse una filosofía de vida y con efectos claramente perceptibles en quienes lo practican. Es el «ikigai», que se traduce como «razón de ser» o «razón de vivir». El origen de su nombre está en las palabras «iki», que significa «vida», y «gai» que significa «valor».
Los occidentales conocieron el «ikigai» cuando visitaron algunas comunidades de Japón con el fin de estudiar la consabida longevidad de muchos de sus integrantes. Luego de un tiempo considerable y de exhaustivas investigaciones, se dieron cuenta de que buena parte del secreto para vivir muchos años se encontraba en esa disciplina.
El «ikigai» se basa en cuatro objetivos fundamentales: 1. Identificar lo que nos apasiona, lo que nos gusta o nos gustaría hacer, aquello que mientras lo hacemos el tiempo se pasa volando. 2. Descubrir lo que el mundo necesita de nosotros. Siempre hay algo entre lo que hacemos con lo que podemos obtener la satisfacción de sentirnos útiles sirviendo a los demás. 3. Darnos cuenta de lo que nos es más fácil hacer, aquello para lo que tenemos talento. No todos servimos para lo mismo, a unos se nos dan más fácil unas cosas que a otros. 4. Saber qué es lo que nos puede producir un beneficio económico. Todos necesitamos satisfacer nuestras necesidades; por lo tanto, generar los medios también debe ser una de nuestras metas.
Lo que se busca con la consecución de esos cuatro objetivos es aumentar la autoestima, descubrir nuestras habilidades, trabajar en lo que nos satisface y beneficiarnos de lo que hacemos al tiempo que beneficiamos a los demás.
El «ikigai» parte de la premisa de que solo podemos ser felices haciendo lo que nos gusta, si eso que nos gusta nos sirve para ser mejores, si se puede con eso servir a los demás y si genera los aportes suficientes para nuestra subsistencia.
Los estudios hechos en Japón también demostraron que para una existencia prolongada y feliz es importante una vida activa y una alimentación variada y equilibrada. Claro está que aquí podrían no existir algunos productos de los que ellos consumen en su dieta estilo mediterráneo; sin embargo, contamos con una variedad que incluye carnes, granos, frutas y verduras, ya sea de temporada o las que se dan todo el año, que bien podrían ayudar en la adopción de una alimentación sana y con cierto equilibrio.
Por supuesto que, para una vida plena, tener una mentalidad positiva y un propósito de vida son fundamentales. Es bueno, por lo tanto, que todos nos esforcemos por descubrir nuestro «ikigai» o nuestra «raison d’être», o sea, algo que nos estimule el deseo de vivir.





