La imagen de jóvenes reservistas con sus platos de comida después de un partido es repetitiva y hasta común en los graderíos de los estadios. Dónde coman y que ingieren es un tema de poco interés en quienes cultivan la esperanza y futuro talento del fútbol salvadoreño.
Exfutbolistas y expertos en fútbol apuntan en que las canteras, tienen «tela de araña», están descuidadas o al menos no reciben la atención que deberían de tener y en eso es que radica el «agujero negro» que tiene hundido y en depresión al fútbol salvadoreño.
De tener viveros de futbolistas que vayan escalando hasta nutrir a los equipos en la Liga Mayor se habla desde antaño, afirma Humberto Torres, hombre de fútbol que estuvo a la cabeza de la Fesfut hace poco más de una década.
«Se ha hablado tanto y hemos intentado tanto para que los clubes tengan sus reservas, pero que las tengan de verdad no solo por cumplir con un requisito, pero ha sido prácticamente imposible», afirma el exfederativo.
De alguna manera los equipos han hecho su esfuercito, y algunos en término de club no han dejado de recoger alguno que otro fruto, pero esto no alcanza para la Selecta e ilusionar al país.
Clubes como Alianza, FAS o Santa Tecla han dado algunas migas de esforzarse en trabajar en sus fuerzas básicas, pero hoy con la pandemia de COVID-19, solo da para administrar las Reservas, lo que supone gasto o inversión según los cristales con que se miren.
Fredy Vega, gerente deportivo de FAS, calcula la inversión de los tigrillos de entre $5,000 y $7,000 mensuales solo en Reserva, cantidad que se eleva hasta los $8,000 o $9,000 cuando se incluye a la sub-17.
«FAS trata de tener buenos técnicos, trata de reclutar los jugadores que van en crecimiento en los diferentes niveles del club para darles oportunidad en sub-17 y Reserva», afirma Vega sobre el vivero tigrillo.
En tanto sus vecinos del 11 Deportivo, en Ahuachapán, desembolsan entre $5,000 y $6,000 solo para Reserva, apunta Carlos Villagrán, gerente deportivo de los tanques fronterizos. Eso sin incluir pago de cuerpo técnico.
Por iguales números ronda la inversión de Santa Tecla en Reserva. «Estamos gastando entre $4,500 y $5,000 en Reserva», expresó el gerente de los pericos, Rómulo Guzmán. Ese gasto, según el comunicador, se va al pago de cuerpo técnico, alimentación, transporte, hidratación, medicamento en algunos casos.
En el blanco
La partida de Alianza para cubrir esos mismos gastos ronda en números similares. Edwin Abarca, gerente de los paquidermos, estima la inversión entre $6,000 y $8,000 mensuales para proveer a los jóvenes de viáticos, alimentación y transporte durante los partidos.
Eso sí, aunque los números suenan parejos las planificaciones son distintas, y acá a juzgar por el éxito y las piezas paridas del seno blanco, Alianza les saca ventaja y esto se ve desde dentro y desde fuera.
El mundialista de España 1982, Carlos Recinos, afirma que en El Salvador no hay una verdadera formación, y advierte que si los equipos de primera división no tienen verdaderos objetivos en las divisiones inferiores van al fracaso. En ese apartado reconoce el trabajo que ejecuta Alianza. «A mí me encanta lo de Alianza (en las canteras) ojalá se mantenga en el tiempo», asegura el estratega.
La Reserva de albos se ciñó el bicampeonato el 31 de enero pasado y llevó a sus vitrinas su noveno título para ser el rey de copas en esta categoría. Claro, detrás de esta cosecha hay trabajo de planificación y el profesor Juan Carlos Serrano, ahora auxiliar técnico en la sub-23, trabajó en este andamiaje durante cinco años.
«En Alianza lo que se hizo fue planificar, empezamos a dar procesos a las diferentes categorías y eso no facilitaba porque solo pasábamos promocionados de una categoría a otra», recuerda Serrano.
Según el exvolante blanco, todas las categorías trabajaron bajo una misma línea, y eso hacía más fácil la adaptación de los jugadores cuando saltaban de una categoría a otra. En el salto de calidad ayudó también el convenio que firmó Alianza con World Talent Group que representa a Daniel Passarella y que trajo incluso al país a Héctor Pitarch para trabajar en las inferiores.
Serrano aseguró que el mayor aporte en este convenio fue en gestionar infraestructura, buenas canchas, material deportivo, balones, e insumos que se hacen difícil conseguir cuando la petición es de un nacional.
«Pidiéndolo ellos fue mucho más fácil. Cada categoría empezó a trabajar con su tiempo, con su entrenador, su asistente, su preparador físico como tiene que ser», acotó el auxiliar de la sub-23, quien afirmó que la metodología y la planificación la manejaron con Milton «Tigana» Meléndez.
En su estadía con el equipo capitalino, Juan Carlos Serrano ganó tres torneos con la Reserva y cuatro con la sub-17.







