La segunda Villa de San Salvador es conocida como Ciudad Vieja. Se ubica en las faldas del volcán Tecomatepet, el valle de La Bermuda, cantón El Molino, municipio de Suchitoto, departamento de Cuscatlán. Fue fundada con 73 jefes de familia, además poseía la figura política del alcalde y un representante del poder eclesiástico, el presbítero Pedro Ximenez (Barón Castro, 1996).
Al igual que otros asentamientos hispanos en América, la villa presenta un modelo urbano nuevo, planificado y ordenado, patrón de asentamiento que aún continua vigente, y que además transformó el paisaje mesoamericano.
Sus estructuras (cabildo, puesto de vigilancia, la iglesia, las herrerías y, por supuesto, las viviendas) se construyeron en al menos 21 manzanas bien definidas y 3 más que no se han delimitado en su totalidad. La Plaza Mayor se ubicó al centro, rodeada por edificios con funciones importantes.
El arqueólogo David Calogero Messana ha estudiado el lugar desde sus años universitarios y concluye que el lugar posee características defensivas considerando la colonización de España en los llamados nuevos territorios, además de la competencia que prevaleció entre los conquistadores.
En su tesis, «La Villa de San Salvador de 1528: Una ciudad entre dos guerras. Análisis de los elementos defensivos de Ciudad Vieja, El Salvador», Messana expone que «la urgencia de poseer territorios en Centro América tuvo como objetivo buscar un paso a través de un canal interoceánico que facilitara la conexión entre el Océano Pacífico y el Océano Atlántico, de esta necesidad se deriva el conflicto entre la empresa conquistadora de Hernán Cortés desde el norte (México) y de Pedrarias Dávila desde el Sur (Panamá)».
Agrega que «la búsqueda de este canal que permitiera acortar el paso entre los dos océanos, evitando bordear el continente, influyó tanto en la dinámica de la expansión y las rutas de conquista que ambos frentes hispanos, uno ubicado en Panamá y otro en México, optaron por anexar las tierras del istmo centroamericano que buscar desplazarse hacia Norte América o Sur América […] lo que permite suponer que el objetivo principal no fue la búsqueda de recursos materiales o humanos, sino más bien el control del paso entre los océanos».
Sumado a lo anterior, dice el arqueólogo, estaban las motivaciones histórico políticas y por supuesto las económicas.
Los restos de la villa
El trazado urbano es en forma de rejilla o distribución Ovandina. De los antiguos muros solo quedan los cimientos, pero por medio de los estudios arqueológicos se han podido identificar los materiales constructivos.
Se sabe que la fundación de los muros fue de rocas y las paredes (muros) de tapia, una técnica que implica construir rellenando un encofrado de madera con capas de tierra apisonada hasta llegar a la altura deseada. La técnica es europea, pero la mano de obra que la ejecutó fue indígena. Otros elementos constructivos hechos a partir del barro cocido son las tejas, ladrillos y baldosas, y también se han encontrado diversos materiales de hierro.
Actualmente, en la zona es posible observar líneas de piedras que emergen (cimientos de estructuras) delimitando áreas, así como algunas elevaciones artificiales (montículos) que muestran la ocupación del espacio durante el período colonial temprano. Aún se conservan los restos del cabildo, la iglesia, así como de otras edificaciones.
En la construcción de la villa el uso de materiales suntuosos es evidente. Varias estructuras tenían una ornamentación más elaborada, incluyendo columnas de piedra labrada, pisos mosaicos, pisos de baldosas en diseños polícromos y al menos un caso de tejas vidriadas, probablemente importadas de Europa, (Card 2011).
El Cabildo (Estructura 4E1) ubicado al Norte de la plaza central fue el centro del poder político desde donde se daban las ordenanzas, algunas de estas obligaban a los artesanos a ejercer sus profesiones e impusieron precios para los productos elaborados por estos (Escalante, 2005 citando a Remesal, 1988).
Los edificios de comercio (Estructura 3D1) se han identificado al Oeste de la plaza central: «estas tiendas pudieron haber pertenecido a Sancho de Figueroa», (Fowler, 2011).
La iglesia se ubicó al Este de la plaza central y tuvo la advocación a la Santísima Trinidad, «lo que significaba que ponían a Dios mismo como protector», (Escalante, 2005 citando a Remesal, 1988). Otro de los edificios religiosos identificados es una posible capilla de indígenas ubicada en el extremo Este de la ciudad (Fowler, 2013).
En las construcciones civiles se encontraron las casas de los conquistadores (Estructura 6F1) (Gallardo, 2004) y la de los indígenas (Estructura 2F1), (Hamilton en Fowler, 2011), que muestran una clara diferencia en su sistema y materiales constructivos.
De edificios defensivos se han encontrado los restos de un puesto de vigilancia en la parte Sur (Estructura 1D1) (Hamilton en Fowler, 2011) y las garitas de vigilancia Oeste (Estructuras 4IIB y 4IIB2), (Erquicia, 2007).
De los edificios para la creación de productos se han identificado dos talleres para el trabajo con metal, la estructura 6F2 y la estructura 3D2, (Fowler, 2011).
Además de una buena capacidad de producción existían productos importados, algunos provenían de Sevilla, unos eran de carácter lujoso y otros no, entre los productos importados se encontraron comidas y vinos, además de platos de mayólica y vidrio italiano (Card, 2011).
Algunas edificaciones
El Cabildo: El máximo organismo de gobierno local está al norte de la Plaza Central, se construyó sobre un lecho de piedras. Estaba formado por al menos 6 cuartos y posee una gradería en la fachada. Se encargaba de la justicia, la policía, el abastecimiento, organizar la ciudad y la representación política.
La Iglesia: Se ubica al Este de la Plaza Mayor y su advocación fue a la Santísima Trinidad. El primer cura fue Pedro Ximenez, quien en 1540 celebró el primer matrimonio religioso entre el español Francisco Castellón y la mestiza Catalina Gutiérrez, hija de Diego de Usagre y una mixteca.
Puesto de vigilancia sur: Está ubicado en el actual acceso al río Molino y está fuera de los límites del muro perimetral de la ciudad, en él se encontraron puntas de flecha indígenas (Fowler, 2011). Se construyó sobre el barranco creado por el río, al sur de la villa.
La muralla defensiva: Bordeaba la ciudad en el lado Sur y parte del Sureste, es decir arriba de la barranca formada por el cauce del río El Molino. El muro tenía por lo menos 200 metros de largo, defendiendo desde el Sur hacia el Este y llegaba al Norte de la villa. El muro formaba una parte importante en la defensa de la ciudad, ya sea para impedir que ingresaran a ella o para repeler ataques.
Las herrerías: Con evidencia de trabajo en hierro se han identificado las estructuras 6F2 y 3D1. La primera se asocia a la casa de un encomendero. El cuarto central posee la fragua, el cuarto contiguo posee un canal de ventilación para la fragua. Aquí se recuperó un freno de caballo, madera carbonizada, pedruscos de hierro en bruto, escoria y clavos. En la estructura 3D2 se definieron al menos 6 cuartos con forma cuadrada. En el número 1 se recuperó escoria de hierro, ceniza, carbón, se descubrió una canaleta en el suelo y restos de un barril. En el cuarto 5 se recuperó un fragmento de copa de vidrio, restos de carbón y tierra quemada.
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