El Salvador vive un proceso de transformación que se ha convertido en un ejemplo para la comunidad internacional. Con el presidente Nayib Bukele, el país más peligroso del mundo es ahora una nación con unos niveles de seguridad que superan a los de muchas naciones del llamado primer mundo.
Este cambio positivo ha mejorado sustancialmente la vida de todos los ciudadanos. No solo de aquellos que respaldan al presidente Bukele, sino también la de los cada vez más pocos que no le apoyan.
El Instituto Universitario de Opinión Pública (Iudop) es una dependencia de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), una institución de educación superior que se ha caracterizado por sus permanentes críticas hacia la administración del presidente Bukele.
Tiene muchos años haciendo esos estudios de opinión pública, por lo que sus resultados son ampliamente aceptados y reconocidos. De tal modo, cuando la última encuesta revela que nueve de cada 10 salvadoreños afirman sentirse «muy seguros» o «seguros», no es que sea algo recién descubierto, pero reafirma lo que es una realidad para la inmensa mayoría.
De acuerdo con este mismo estudio, la población atribuye directamente al presidente Bukele esta mejora en la seguridad pública, lo cual demuestra que el pueblo tiene muy claro que los cambios y la transformación de El Salvador son obra de este Gobierno.
Además, como ha quedado demostrado por los reportes de homicidios de las instituciones públicas (que demostraron que 2024 fue el año más seguro de la historia), el 83 % de los encuestados consideró que la delincuencia se redujo respecto a 2023.
Hace apenas unos años, las llamadas «grandes empresas periodísticas» destinaban amplios espacios al «índice de victimización», es decir, al dato sobre si una persona o su grupo familiar había sido víctima de la delincuencia en el año anterior o en los últimos tres meses.
Estos productos periodísticos estaban destinados a sembrar inseguridad y, con ello, a generar la necesidad de resguardar con guardias armados prácticamente todos los negocios, empresas, hospitales, centros de trabajo, estadios y cualquier cosa imaginable (¡cómo olvidar que se hizo cotidiano ver guardias armados con escopetas apretujados con el conductor y ayudante de los camiones repartidores de mercaderías o incluso acompañando a motociclistas, con su arma a la espalda!).
Ahora que el país es más seguro, tanto que hasta sus propias encuestas lo demuestran, se niegan a reconocerlo y salen a criticar el alto índice de hacinamiento en las cárceles, a pesar de que saben desde hace décadas que las pandillas se habían extendido profusamente en la sociedad.





