Por décadas, los salvadoreños sufrieron la violencia de las pandillas, pero también las consecuencias de ser gobernados por políticos corruptos que se dedicaron a saquear al Estado para enriquecerse.
Muchos de esos antiguos funcionarios, tanto de ARENA como del FMLN, se encuentran prófugos: prefirieron elegir el exilio antes que enfrentar la justicia. Sabían que habían transformado sus vidas a costa de las medicinas en los hospitales o de insumos para las escuelas. Se llevaron cientos de millones de dólares a sus cuentas bancarias o sencillamente lo extrajeron en bolsas plásticas, como lo hizo el primer presidente del FMLN.
Desviaron donativos para atender a las víctimas de catástrofes e hicieron una campaña electoral con esos fondos, como lo demostró el proceso contra ARENA. Uno de los expresidentes que llegó al poder con el tricolor está preso; otros dos, fallecidos; y un cuarto más es prófugo.
El pueblo salvadoreño decidió sabiamente dejar atrás el bipartidismo, ese monstruo de dos cabezas que es ARENA-FMLN, para elegir a un verdadero líder, el presidente Nayib Bukele, que logró desarticular a las pandillas, conquistando la verdadera paz.
El Salvador ahora es el país más seguro del hemisferio occidental y se han sentado las bases para el despegue económico. Ya hay muchas señales de que la economía ha empezado a alzar vuelo, con una pujante empresa turística y con empresas más productivas y exportadoras.
Por eso, cuando vienen voceros del pasado a declarar que piensan volver al Gobierno, uno se da cuenta del grado de disociación en el que viven. No perciben la verdadera realidad, cegados por ideologías caducas y consignas vacías.
Nidia Díaz, excomandante guerrillera y exdiputada del FMLN, dice en un video difundido en X: «Solo la lucha nos hará llegar a un punto donde volvamos a construir las aspiraciones que habíamos empezado a desarrollar».
Lo único que transformaron 10 años de gobiernos del FMLN fue el patrimonio de sus principales líderes. El pueblo salvadoreño padeció la violencia y la barbarie de las pandillas con las que las altas autoridades izquierdistas pactaron a cambio de prebendas electorales.
Por eso, por su desconexión con el pueblo, no tienen ni un solo diputado. Y por eso su secretario general se pregunta por qué no hay protestas ahora, como las que había cuando el Frente gobernaba.
Ya nadie está para perder su tiempo, sabiendo que el país avanza por el camino correcto por primera vez en la historia.





