El 7 de enero del presente año se estrenó en las salas de cine «The 355», una película de acción al puro estilo «James Bond» o «Identidad desconocida», llenas —como suele suceder— de escenas grabadas con cámara en mano, explosiones y batallas cuerpo a cuerpo. Con la diferencia de que el equipo protagonista son mujeres. Estas fueron seleccionadas entre las actrices más talentosas del planeta: Diane Kruger, Jessica Chastain, Lupita Nyong’o y, una de mis favoritas, Penélope Cruz. Además, fue dirigida por el británico Simon Kinberg, quien es conocido por su participación en la franquicia de «X-Men».
La película se vendió como un hito cinematográfico, a pesar de ser lanzada en enero, un mes considerado vertiente de títulos condenados al fracaso. Sin embargo, «The 355» no recaudó más allá de $4.8 millones en la taquilla de Estados Unidos. Con un presupuesto de $70 millones, de marketing $35 millones, un elenco de lujo y un director de peso, ya es considerada uno de los mayores fracasos en la historia del cine.
Pero ¿qué es lo que realmente llevó a esta película al fracaso? ¿Es tan mala como se dice? Los medios especializados le echan la culpa al director, y el director, a una audiencia machista. De hecho, para escribir esta nota primero vi la película y me atrevo a decir que aburre, pero no es nada despreciable. Puede ser que simplemente el público, tanto masculino como femenino, ya empezó a cansarse de esta agenda políticamente correcta y de lo que algunos llaman la inclusión forzada.
Definamos primero qué es inclusión: es lograr que todos los individuos o grupos sociales puedan tener las mismas posibilidades y oportunidades para realizarse plenamente. Esto ha llevado a buscar incorporar en todos los ámbitos a grupos que eran considerados minorías o que fueron invisibilizados. Cuando hablamos de estos grupos nos referimos a personas de color, asiáticas y latinas, incluyendo a la comunidad LGBTI. La industria de entretenimiento es la más afectada, el cine y los videojuegos no han sido la excepción.
En 2015, la activista April Reign lanzó el hashtag #OscarSoWhite. Evidenció el racismo existente en la Academia, lo que llevó a promover cambios, entre estos, que las películas, para ser consideradas a estos premios, deben incluir al menos a una persona que represente a las minorías entre sus protagonistas, y que el equipo de producción contenga un 30 % de ellas. Las producciones de Hollywood, Disney y Netflix se han adaptado a dicha agenda. Algunos detractores de esta inclusión aducen que esto llevará a una pérdida de calidad y de interés de parte de las audiencias.
Mi conclusión es que no siempre será así. Tenemos el caso de «Euphoria», una serie de HBO que cumple con esa cuota, aborda el tema de género desde todas sus aristas y cuenta con una calidad visual electrizante. El estreno del primer episodio alcanzó los 2.4 millones de espectadores.






