Exportar el café salvadoreño a Quebec se ha convertido en la pasión de Fantôme Café, la tostadora canadiense que por casi 10 años ha sido un apoyo importante para 20 pequeños productores de la cordillera Apaneca-Ilamatepec.
Emeric Seguin, director de Sourcing y Sostenibilidad de Fantôme Café, explicó que la finalidad de la compañía —con sede en ese país norteamericano— es apoyar en precios y brin – dar las herramientas necesarias que permitan al caficultor desarrollar una producción de alta calidad.

«Lo que buscamos es que los productores tengan precios fijos que no se establezcan con los parámetros de la bolsa y un compromiso de compra de año tras año, así como visita técnica y apoyo para asegurar excelentes beneficios», comentó Seguin, quien desde hace dos años se mudó a El Salvador por su pasión por el café y la amabilidad de las personas.
El empresario extranjero remarcó que como tostadora buscan premiar el trabajo de los caficultores salvadoreños debido a que no se «fijan en las variedades, los puntajes o las notas, pues la idea es comprar toda la cosecha a un pequeño productor», y buscar en Canadá un comprador para comercializarlo.

En lo que va del año, Fantôme Café ha exportado más de 200 sacos de 69 kg cada uno, y la idea es llegar a un contenedor completo el próximo año. Además, la meta a mediano plazo es enviar dos contenedores al mercado canadiense: uno para uso propio bajo la marca y, otro, para comercializarlo con otros tostadores. En los últimos años las exportaciones han incrementado 30 %.
Actualmente, trabajan con 20 productores, de los cuales 15 son pequeños caficultores que tienen parcelas de unas cinco hectáreas; sin embargo, esperan incluir al portafolio el café de 10 más. Seguin destacó que trabajan con un caficultor de La Pal – ma, Chalatenango, lo que les ha permitido abrirse a nuevos destinos cafetaleros. La proyección es llegar a todo el territorio nacional.

Según explicó Seguin, en Quebec trabajan con más de 20 negocios, entre estos cafeterías, panaderías, restaurantes y oficinas, a los cuales les venden el grano salvadoreño. Es im – portante destacar que siete de estos negocios «patrocinan a un caficultor», es decir, deciden adquirir una buena parte de su producción y publicitar su café.
Una de las beneficiarias es Juana de Jesús Pérez, dueña de la finca El Recuerdo, quien gracias a Fantôme Café y a la ayuda de la ingeniera Lorena Ayala ha rescatado su producción y la exporta.

Luis Asensio, encargado de la calidad del café de la finca Lechuza, es otro de los beneficiados de la tostadora, ya que por medio de ellos ha adquirido nuevos conocimientos y ha logrado comercializar una parte de su producción.
La finca Lechuza exporta café de las variedades pacamara, geisha, kenia y bourbon amarillo a Canadá y a países europeos.







