¿Por qué el cristianismo no suele defenderse ni arremeter con igual o mayor contundencia contra quienes lo atacan? La respuesta a esa pregunta se encuentra en las enseñanzas de quien dio origen a esa fe: Jesús, un humilde carpintero de Galilea que instaba a sus seguidores a perdonar setenta veces siete y a no aplicar la vengativa ley del talión, que mandaba a cobrar «ojo por ojo y diente por diente». Los preceptos establecidos por él marcaron un antes y un después entre las viejas enseñanzas en las que la venganza tenía preponderancia versus la nueva doctrina en la que se le daba una especial importancia al acto de perdonar.
No conozco bien las otras religiones y no sé el valor que en ellas tiene el perdón, pero sí sé que es el eje central del cristianismo, y que, por ende, su otorgamiento implica la renuncia tácita del deseo de hacer pagar a quien nos ofenda o nos agreda.
Sin embargo, el que una religión enseñe a no responder proporcionalmente a los vejámenes no da derecho a lo sucedido en la inauguración de los Juegos Olímpicos de París, donde el cristianismo fue duramente atacado, así como también fueron atacados y hechos a un lado muchos de los preceptos morales que rigen nuestra sociedad, todo con el fin de dar cabida y promover oscuras agendas y torcidas ideologías.
Todos fuimos testigos de cómo en esos actos se hizo una vulgar alusión al venerado episodio de la santa cena, con una mujer regordeta representando a Jesús, rodeado, no de sus discípulos, sino de homosexuales. Es un hecho que quienes atacan a las religiones, como en este caso, lo hacen tratando de ridiculizar a su figura principal. Para colmo, en esas bochornosas escenas también incluyeron niños para que interactuaran con los travestidos, vulnerando así la integridad y arriesgando la inocencia de quienes, contrario a eso, deberían ser protegidos.
LA VEZ QUE SE SUSPENDIERON LOS JUEGOS OLÍMPICOS
Los Juegos Olímpicos, que venían de realizarse de manera ininterrumpida desde sus orígenes, fueron suspendidos durante un largo período por causas parecidas a las que ahora se señalan, pues estos se habían desnaturalizado al punto de usar su desarrollo para promover ideas y llevar a cabo actos que, además de reñir con la decencia, nada tenían que ver con el deporte. Al parecer estamos repitiendo al pie de la letra esa parte de la historia.
Ya para cerrar, y considerando todo lo expresado, me parece contradictorio y de doble moral un hecho acaecido posteriormente donde el país anfitrión de esos Juegos puso bajo arresto al fundador y CEO de Telegram, acusando a su plataforma, entre otras cosas, de acciones que vulneran a la niñez, cuando ellos hicieron lo mismo y de manera pública en los referidos actos inaugurales.
Si esa persona o quienes administran su plataforma incurrieron en tales faltas, deben asumir su responsabilidad, pero acusar y procurar justicia en esos casos no es potestad de todo el mundo ni está en manos de aquellos a los que se les antoje hacerlo, sino de quienes tengan una suficiente e incuestionable solvencia moral, de los que, por cierto, no hay muchos.






